viernes, 20 de julio de 2012
viernes, 4 de mayo de 2012
La felicidad sí se puede comprar, dicen en Harvard
Michael Norton docente de Harvard afirmó que si es posible comprar la felicidad, si se invierte plata en los demás. En un conversatorio reciente, afirmó "gastar dinero en ti miso no te hace más feliz, pero hacerlo en los demás, sin importar como ni cuanto, puede mejorar el estado de ánimo".
"Si usted piensa que el dinero no puede comprar la felicidad, no lo esta gastando adecuadamente", aseguró Norton. "Hay que dejar de pensar en que producto adquirir para el goce personal y preocuparse por que obsequiar", manifestó a The Huffington Post.
"Si usted piensa que el dinero no puede comprar la felicidad, no lo esta gastando adecuadamente", aseguró Norton. "Hay que dejar de pensar en que producto adquirir para el goce personal y preocuparse por que obsequiar", manifestó a The Huffington Post.
"El dinero no nos hace felices porque estamos pensando en cosas equivocadas y además porque siempre pensamos en nosotros mismos", aseguró Norton.
Numerosos estudios han demostrado que la gente que gastaba su dinero en otras personas obtenía felicidad, al contrario no sucede nada con las personas que invierten en ellos mismos. Según una investigación de Gallup citada por Norton, los ciudadanos de los países caritativos son más felices.
Norton dijo que en un estudio de la Universidad Británica de Columbia, a los estudiantes que se les dio el dinero y lo gastaron en otros se convirtieron fueron más felices, diferencia de los que invertían en si mismos. El mismo efecto se encontró en Uganda.
"Compartir una copa con los compañeros de trabajo no es tiempo perdido", afirmó Norton. De hecho, las empresas que gastan dinero en 'happy hours' tienen un mejor desempeño según un estudio citado por el docente.
"El dinero a menudo nos hace sentir muy egoísta y que hacemos las cosas sólo para nosotros mismos", dijo Norton, pero "el gasto en otras personas tiene una mayor retribución para usted que el gasto en uno mismo."
Comprar un pequeño regalos para la madre puede tener el mismo efecto de bienestar como apoyar un gran proyecto de caridad.
"La forma especifica de gastar en otras personas no es tan importante como el hecho de hacerlo para ser feliz", dijo Norton. "Usted no tiene que hacer grandes cosas con su dinero para lograr la felicidad. Usted puede hacer cosas triviales y aún así obtener estos beneficios al hacerlo."
La investigación de Norton no es la primera en afirmar que el dinero lleva a la felicidad, hasta cierto punto. Personas que ganan más de 50.000 dólares al año están más satisfechas con sus vidas que las que ganan menos de esa cantidad, según una reciente encuesta de Maristas.
En un estudio realizado por la Universidad de Princeton también encontró que un gran salario, más de 75.000 dólares, conduce a una vida más feliz. Después de obtener esa cantidad, el dinero no tiene ningún efecto sobre la felicidad, según el estudio.
Por supuesto, el umbral de la felicidad es mayor en las ciudades con costo de vida caro, según The Wall Street Journal, que comparó el costo de 163.000 dólares al año en Nueva York en 2010, con 62.000 en Pueblo, Colorado.
Numerosos estudios han demostrado que la gente que gastaba su dinero en otras personas obtenía felicidad, al contrario no sucede nada con las personas que invierten en ellos mismos. Según una investigación de Gallup citada por Norton, los ciudadanos de los países caritativos son más felices.
Norton dijo que en un estudio de la Universidad Británica de Columbia, a los estudiantes que se les dio el dinero y lo gastaron en otros se convirtieron fueron más felices, diferencia de los que invertían en si mismos. El mismo efecto se encontró en Uganda.
"Compartir una copa con los compañeros de trabajo no es tiempo perdido", afirmó Norton. De hecho, las empresas que gastan dinero en 'happy hours' tienen un mejor desempeño según un estudio citado por el docente.
"El dinero a menudo nos hace sentir muy egoísta y que hacemos las cosas sólo para nosotros mismos", dijo Norton, pero "el gasto en otras personas tiene una mayor retribución para usted que el gasto en uno mismo."
Comprar un pequeño regalos para la madre puede tener el mismo efecto de bienestar como apoyar un gran proyecto de caridad.
"La forma especifica de gastar en otras personas no es tan importante como el hecho de hacerlo para ser feliz", dijo Norton. "Usted no tiene que hacer grandes cosas con su dinero para lograr la felicidad. Usted puede hacer cosas triviales y aún así obtener estos beneficios al hacerlo."
La investigación de Norton no es la primera en afirmar que el dinero lleva a la felicidad, hasta cierto punto. Personas que ganan más de 50.000 dólares al año están más satisfechas con sus vidas que las que ganan menos de esa cantidad, según una reciente encuesta de Maristas.
En un estudio realizado por la Universidad de Princeton también encontró que un gran salario, más de 75.000 dólares, conduce a una vida más feliz. Después de obtener esa cantidad, el dinero no tiene ningún efecto sobre la felicidad, según el estudio.
Por supuesto, el umbral de la felicidad es mayor en las ciudades con costo de vida caro, según The Wall Street Journal, que comparó el costo de 163.000 dólares al año en Nueva York en 2010, con 62.000 en Pueblo, Colorado.
domingo, 15 de abril de 2012
Ser feliz es cuestión de método
Yo no sé ustedes qué piensen, pero a mí la felicidad no se me suele dar así, naturalmente. Y no es que yo sea una persona infeliz, pero quiero decir que para ser feliz hay que hacer un poquito de esfuerzo… en mi caso particular por lo menos. Uno tiene que poner de su parte, estar en la actitud correcta y saber aprovechar las oportunidades cuando llegan.
El tema con las oportunidades es que a medida que pasan los años, creo yo, se presentan cada vez menos claras. No vienen con un anuncio de neón que dice “hola qué tal, encantada, yo soy una oportunidad de ser feliz, aprovéchame”. Normalmente vienen con trabas, con pegas, con problemas, porque para nadie es un secreto que nada en la vida es gratis.
Creo que la felicidad es un bien escaso, precioso y por lo tanto, caro. Creo que para ser feliz hay que hacer sacrificios y me jode un montón cuando alguien más por pereza o por miedo o por lo que sea, se rinde ante un obstáculo detrás del cual puede estar la felicidad. Sobre todo si estamos hablando de MI felicidad. Y sí, es verdad que nadie le garantiza a uno que este va a ser el último obstáculo o que detrás de él, como en los programas de concurso de TV, está el premio. Pero es que en la vida no hay garantías de nada.
Así que en los días como hoy, en los que me haría llorar hasta el comercial en el que Inextra convertía el platón en una lavadora, tengo que aferrarme más que nunca a la convicción de que mi felicidad está dentro de mí y que lo de fuera son complementos, accesorios, en definitiva prescindibles. Y que si ha de venir alguien, tendrá que ser alguien que sepa lo que quiere, que esté dispuesto a luchar cuando las cosas se pongan difíciles y a esperar cuando el tiempo parezca detenerse. Y sé que pido mucho, lo sé, pero es que creo que lo merezco, así como la persona que esté conmigo merece que yo dé de la única forma como se dar: sin reparos.
@Soltérica
http://www.alomujeres.com/blogs/vdlrvmm/ser-feliz-es-cuestion-de-metodo
miércoles, 29 de febrero de 2012
Donde encontrar la felicidad
Todos la buscan, todos la desean. Como una paradoja, se vende todo por conseguirla y se adquiere de todo por conservarla. La felicidad es ese escurridizo anhelo que pide ser permanente y que se confunde con lo efímero. ¿Es lo mismo alegría y felicidad?, ¿depende de las circunstancias el ser feliz?, ¿de mí?, ¿es objetiva o subjetiva?, ¿en dónde la podremos encontrar?
Sin duda, para nosotros cristianos, la felicidad constituye una serie de realizaciones, proyectos y especialmente una gran armonía entre la paz, la verdad y el bien; es ahí en donde podremos llegar a una verdadera felicidad. Les dejo esta historia, como reflexión, a raíz de la experiencia que tuvo San Agustín, en la cual decía, "tarde te amé dulzura tan nueva y tan antigua; tarde te amé, mientras yo te buscaba fuera, Tú estabas dentro ¿dónde encontrar la felicidad?".
En el principio de los tiempos, se reunieron varios demonios para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: "Debemos quitarles algo a los humanos, pero, ¿qué les quitamos?". Después de mucho pensar uno dijo: "¡Ya sé! vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar". Propuso el primero: "Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo", a lo que inmediatamente repuso otro: "No, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está".
Luego propuso otro: "Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar", y otro contestó: "No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrará". Uno más dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra". Y le dijeron: "No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad".
El último de ellos, era un demonio que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás. Analizó cada una de ellas, y entonces dijo: "Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren". Todos voltearon asombrados y preguntaron al mismo tiempo ¿dónde? El demonio respondió: "La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán". Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así "El humano se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo".
Estar contento es estar lleno de contenido. Si la vida está llena de contenido, se experimenta esa sensación de plenitud; y así, se puede ser feliz en momentos de dolor o de sufrimiento, porque se está hablando de un ser feliz y no ya de un estar feliz, dependiente del tiempo que dure, o de las circunstancias que lo rodeen. Aquí te va el decálogo del hombre feliz:
1. Conocerse bien a uno mismo, y tener interioridad.
2. Ser realista y exigente.
3. Puesta en práctica de un proyecto de vida.
4. Gran dosis de coherencia.
5. Método a seguir: orden, constancia y disciplina.
6. Seguir un comportamiento natural, no artificial ni forzado.
7. Equilibrio entre el corazón y la cabeza.
8. Apoyarse en una jerarquía de valores y tener sentido del humor para las situaciones críticas.
9. Personalidad equilibrada en sus actividades y en sus responsabilidades.
10. Tener una vida social estable en comunicación y compañía.
http://es.catholic.net/meditaciondehoy/
Sin duda, para nosotros cristianos, la felicidad constituye una serie de realizaciones, proyectos y especialmente una gran armonía entre la paz, la verdad y el bien; es ahí en donde podremos llegar a una verdadera felicidad. Les dejo esta historia, como reflexión, a raíz de la experiencia que tuvo San Agustín, en la cual decía, "tarde te amé dulzura tan nueva y tan antigua; tarde te amé, mientras yo te buscaba fuera, Tú estabas dentro ¿dónde encontrar la felicidad?".
En el principio de los tiempos, se reunieron varios demonios para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: "Debemos quitarles algo a los humanos, pero, ¿qué les quitamos?". Después de mucho pensar uno dijo: "¡Ya sé! vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la puedan encontrar". Propuso el primero: "Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo", a lo que inmediatamente repuso otro: "No, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está".
Luego propuso otro: "Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar", y otro contestó: "No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrará". Uno más dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra". Y le dijeron: "No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad".
El último de ellos, era un demonio que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás. Analizó cada una de ellas, y entonces dijo: "Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren". Todos voltearon asombrados y preguntaron al mismo tiempo ¿dónde? El demonio respondió: "La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán". Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así "El humano se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo".
Estar contento es estar lleno de contenido. Si la vida está llena de contenido, se experimenta esa sensación de plenitud; y así, se puede ser feliz en momentos de dolor o de sufrimiento, porque se está hablando de un ser feliz y no ya de un estar feliz, dependiente del tiempo que dure, o de las circunstancias que lo rodeen. Aquí te va el decálogo del hombre feliz:
1. Conocerse bien a uno mismo, y tener interioridad.
2. Ser realista y exigente.
3. Puesta en práctica de un proyecto de vida.
4. Gran dosis de coherencia.
5. Método a seguir: orden, constancia y disciplina.
6. Seguir un comportamiento natural, no artificial ni forzado.
7. Equilibrio entre el corazón y la cabeza.
8. Apoyarse en una jerarquía de valores y tener sentido del humor para las situaciones críticas.
9. Personalidad equilibrada en sus actividades y en sus responsabilidades.
10. Tener una vida social estable en comunicación y compañía.
http://es.catholic.net/meditaciondehoy/
viernes, 20 de enero de 2012
La vida, como una colcha de retazos
Solo se necesita un metro de tierra, una gallina y una almohada para ser feliz. Solo se necesita una vaca, un arbusto de moras y un sembrado de lechuga para ser feliz. Solo se necesita una cocina, un cuarto con ventana y un piso de tierra para ser feliz. Solo se necesita tres lápices de color, una hoja y el silencio para ser feliz. Solo se necesita un riachuelo, una cascada y un pájaro a lo lejos para ser feliz.
Solo se necesita un conejo, un alar y ver llover para ser feliz. Solo se necesita unas ramas de cilantro, un trigal y un cafeto para ser feliz. Solo se necesita un árbol, el viento y el sol para ser feliz. Solo se necesita bien-decir a otro, abrazarlo y sonreír para ser feliz. Solo se necesita cerrar los ojos, soltarnos al universo y ver qué nos dicen los sueños para ser feliz.
Un universo personal, cuántico, iluminado; hecho de nosotros mismos, como una colcha de retazos: sencilla, variopinta, humilde, rica, colorida, colaborativa.
Colcha de retazos en Usaquén, Bogotá.
Tomado de
http://www.ecbloguer.com/carlosmunera/
Solo se necesita un conejo, un alar y ver llover para ser feliz. Solo se necesita unas ramas de cilantro, un trigal y un cafeto para ser feliz. Solo se necesita un árbol, el viento y el sol para ser feliz. Solo se necesita bien-decir a otro, abrazarlo y sonreír para ser feliz. Solo se necesita cerrar los ojos, soltarnos al universo y ver qué nos dicen los sueños para ser feliz.
Un universo personal, cuántico, iluminado; hecho de nosotros mismos, como una colcha de retazos: sencilla, variopinta, humilde, rica, colorida, colaborativa.
Colcha de retazos en Usaquén, Bogotá.
Tomado de
http://www.ecbloguer.com/carlosmunera/
sábado, 14 de enero de 2012
Hay tanta humanidad esperándonos
Podríamos callar, mirarnos a los ojos y sonreírnos.
Podríamos encontrar en esos ojos una humanidad profunda
y entrar en ese territorio de la magia que es el territorio de la vida.
Podríamos creer que vivimos más allá de existir, a pesar de nuestro cáncer, a pesar de nuestro dolor…
A pesar de nuestras pequeñas miserias hay tanta grandeza en la semilla humana…
Hay tanto en nosotros esperando para ser, para fructificar, para amar…
Hay tanta humanidad esperándonos en las fronteras, esperando un encuentro entre el Norte y el Sur, entre el Oriente y Occidente… para así encontrar ese sol del centro del ser humano.
Hay tanto en nosotros esperando revelarse, recrearse, fructificar.
Somos semilla y a partir de ese potencial infinito, de ese océano interior podemos re-encantar: la vida.
Podemos volvernos a crear y así divertirnos y gozar.
¿Y si de pronto pensáramos todos que el sentido de la vida es la felicidad?
¿Y si nos atreviéramos a ser felices?
¿Cómo sería eso?
¿Cuáles serían los ingredientes de la felicidad?
¿Si pudiéramos identificarnos con el ser que somos y no con la sombra, la apariencia o la dependencia?
¿Y si de repente volviéramos a ser lo que somos, auténticos, creadores de nuestros propios días?
¿Si pudiéramos entrar de lleno en ese río profundo de la vida que nos habita en cada instante, para encontrar en su cauce, corrientes de amor?
¿Si pudiéramos despertar ese torrente amoroso que habita en nuestra sangre…?
¿Si pudiéramos reencontrar la fuerza de nuestra propia identidad y así nos completáramos los unos a los otros?
¿Si pudiéramos, como Pablo Neruda decir: “Súbete conmigo a nacer, hermano”?
¿Si pudiéramos entrar en nosotros y aceptarnos reconocernos y amarnos…?
Dejar de buscar a Dios en el exterior y descubrir que estaba allí en nosotros,
esperándonos en nuestro propio corazón con su infinito potencial.
¿Si el único partido que tomáramos fuera a favor del ser humano y nuestra única religión, la del amor, y nuestro único método, el de la hermandad?
Descubriríamos que cada cosa, cada evento es un maestro con el alma como aprendiz.
¿Si nos bajáramos de los pedestales del orgullo, de la maestría y del materialismo de una vida repetitiva
y nos inventáramos la vida y regresáramos a la inocencia y ésta no fuera una inocencia ingenua, sino consciente? Entonces, volveríamos a ser como niños, porque el Reino de la inocencia es el Reino de los Cielos
y él está en nosotros y es un templo de relaciones…
¿Si miráramos al dolor y la enfermedad como un Maestro?
¿Si aprendiéramos la lección y más allá de la culpa y más allá de la carga pudiéramos liberar la levedad de ese aprendizaje y con esa levedad ascender?
Hay seres humanos que creyeron en imposibles y los realizaron.
Ahí están con la desnudez de su autenticidad.
No tuvieron más escudo que su conciencia del amor y su corazón abierto.
Soñadores de imposibles que nos demostraron que los imposibles se realizan cuando creemos en nosotros.
Cuando creemos en nosotros activamos el potencial de un Dios que no es externo, sino que es interior, un Dios que nos acompaña y nos da su energía y su fuerza.
¿Es posible ser felices?
Sí, es posible, a pesar del dolor, pues el dolor no es lo contrario de la felicidad.
Es posible ser felices a pesar de la muerte, pues la muerte no es lo contrario de la vida.
Es posible ser felices a pesar de la tristeza, pues la tristeza no es lo contrario de la alegría.
La felicidad es ese sentimiento leve de compasión y de aceptación que te lleva por la vía del Ser.
La felicidad es ese sentimiento incondicional en el que tú amas porque te da la gana, porque sí, porque llueve o hace sol; en cualquier caso sin ninguna condición.
La felicidad sólo puede partir de ti.
No es exterior, no depende de tu economía…
La gente hoy, tiene una economía dos veces superior a la de hace treinta años, pero es dos veces más infeliz.
La felicidad no depende de los conocimientos.
El conocimiento sin corazón es destructivo.
De repente, adquieres un cáncer y descubres ese estado interior desde el cuál también puedes ser feliz.
La felicidad es una construcción interior, parte de un paraíso interno.
El Paraíso no es ajeno, tú lo pintas y entras después en él.
Tú lo creas y lo re-creas.
En la felicidad no hay un Dios exterior.
Tú eres a imagen y semejanza de ese Creador que habla en tu palabra,
mira en tu mirada y ama con tu amor.
¿Podríamos entonces vislumbrar nuestro camino hacia la felicidad?
Sí. Ese camino es un camino de retorno.
Es un camino de consciencia.
Es un camino que libera porque no está hecho de dependencias.
Nada que te ate, nada que te amarre, nada que conduzca al poder… te lleva a la felicidad.
Más poder no da más felicidad, si no, más dependencia.
Más placer no constituye más felicidad.
Más vivir para los sentidos hace que pierdas el sentido.
La felicidad es un camino hacia el sentido, un sendero que empieza en tu interior y termina en tu interior.
Tú eres el centro del universo cuando eres consciente de ti.
La felicidad parte de la atención que es el uso fundamental de la conciencia.
Cuando estás atento, te centras y eres dueño de ti mismo y de tu potencial.
Cuando estás atento, generas un láser con tu propia consciencia y ahí habitas
y tienes el movimiento, la vida y el ser.
Cuando estás atento, construyes un espacio interior que te conecta con el infinito.
Cuando estás atento, construyes el instante y en ese instante eres eterno.
Cuando estás atento, te reconoces a ti mismo y vuelves a nacer de ti mismo, siendo el parto y el partero;
eres el Creador, porque naces de ti y regresas a tu conciencia.
La atención es el momento más importante de la consciencia,
es el momento de la creación en el que descubrimos el presente, es el tiempo de la sincronicidad, el tiempo de la resonancia.
Uno nace al presente por la renuncia al pasado, al deshipotecar la vida de los condicionamientos del pasado.
Tenemos la vida hipotecada con las expectativas hacia el porvenir
y entonces nos perdemos el lugar de la vida que es este instante.
Este instante es sagrado porque en este instante, y no en otro, vive el ser.
Allí no hay tener, allí no hay placer, allí solamente bulle el ser y ese ser es lo que somos: potencial infinito que nos habita, Dios tan inmanente como trascendente…
Ese Dios Universal se interioriza en nosotros y convierte la vida en algo mágico.
Ese Dios nos humaniza y nos redime.
Ese Dios permite que el reino mineral cante y baile y que el reino vegetal florezca y que el reino animal pueda sentir. Ese Dios permite que el ser humano tenga las alas del pensamiento y desde las alas del pensamiento restaure la intuición, la visión de la totalidad.
Desde esa visión de la totalidad nos unimos de nuevo en el maravilloso Camino de Regreso al Creador,
que Es y Somos.
El primer paso a la felicidad es la autenticidad.
La autenticidad es una genuina identidad, una identidad única, original;
es la identidad que nos hace íntegros…
La vida es creativa cuando es única.
La vida es arte, se goza, se inventa a cada momento.
Cuando eres único vives la magia del amor.
El amor no se gasta, no es repetitivo, no se fatiga, el amor no es rutina, ni condición…
Es una fuerza magnética, atractiva que te renueva a cada instante.
Cuando te puedes renovar a cada instante eres único.
Cuando eres único, te das cuenta de que eres importante, porque eres irrepetible y no tienes competencia posible, porque puedes compartir, te puedes entregar sin temor a perderte y con cada entrega te vas a renovar,
te vas a completar y además, vas a completar al otro con tus ojos, con tu abrazo, con tu palabra, con tu silencio, con tu compañía, con tu presencia…
Así puedes disfrutar la vida.
Primera clave para la felicidad: sé como tú; no como nadie más, único, irrepetible y original.
Da tu propia nota en la sinfonía de la creación, esa nota que es necesaria porque no hay dos seres humanos como tú. Cuando tú no pretendes ser como nadie más que como tú,
entonces descubres esa corriente hermosa del Creador que eres,
y entras en el mundo maravilloso de tu tierra, de tu raíz, de tu savia,
entras en el lugar desde el que puedes re-nacer.
Si no tienes ese útero que te está pariendo, que es tu propia identidad,
si no te aceptas, si no te amas, si no te afirmas, nada podrás encontrar.
Autoafírmate para que te completes, para que completes el universo.
Ello no sería posible si no te hubieras perdonado.
Lo más duro en el momento de la muerte es la culpa, no el cáncer o es el dolor.
Lo más doloroso es el miedo al más allá, al infierno de esa falsa creencia de que hay un Dios castigador,
el temor oculto de que Dios no te va perdonar.
Pero Dios es amor, y donde hay amor no puede haber juicio.
El juicio está dentro de ti, el infierno está dentro de ti y eres tú quien lo ha construido.
Sin embargo, podrías construir un paraíso.
La pregunta es: ¿cuentas contigo, te aprecias, te valoras, te reconoces?
Ese es el primer paso en el sendero de la felicidad.
Es un paso hacia el interior.
Encuéntrate contigo, en tu centro.
Respira profundo y siente la maravilla de la vida.
El sol brilla para ti, los pájaros cantan para ti y el aire y de la magia de la mañana soplan para ti.
El universo celebra tu presencia cuando tú te presentas ante ti.
Entonces, descubres tu rostro, que no es otro que el del amor, recuperas tu poder y entras en comunión.
Vives en alegría y levedad y ya no tienes el peso del cuerpo, de la culpa, del condicionamiento…
Aceptas tus luces y tus sombras.
Reconocerás la nota clave de un corazón que nace y muere a cada instante.
La muerte y el renacimiento del corazón es la sístole y la diástole, dura un solo segundo.
En cada segundo el corazón se da entero.
Si el corazón guardara una gota en cada segundo,
en una hora tendríamos insuficiencia cardiaca.
Hermoso sería que nosotros pudiéramos atender esa ley del corazón y así en cada segundo,
desde tu identidad, entregar y fructificar sin medida.
Ese fruto dulce de tu vida se hizo para dar.
Cuando ya tengas tu tierra y tu paraíso, multiplica tus semillas,
porque así, dándote, se liberan y es dando como recibimos.
Cuando nos damos descubrimos nuestra genuina identidad, nuestra tierra, nuestro paraíso.
Cuando hay un yo aparece un tú.
Entre el tú y el yo se genera un movimiento de resonancia, de comunicación coherente, de diálogo.
Surge ahí una inteligencia que representa tu capacidad de adaptarte a la vida.
No hay una inteligencia espiritual, separada de la inteligencia molecular.
Es una inteligencia dinámica y adaptativa: tu capacidad de adaptación a la vida.
El segundo movimiento hacia la felicidad es la adaptabilidad.
Adáptate a la vida, al cambio, a la corriente.
No te resistas pues produces calor, desgastas tu energía.
Cuando no te resistes, la vida pasa a través de ti y te refresca y te fecunda.
Necesitas del otro para mirarte, reconocerte, observarte en ese espejo y poder modificarte y crecer hacia un nuevo ser.
Esa nueva tierra tuya ha sido fecundada por el tú, cuando el tú cabe en el yo, entonces surge la maravilla del nosotros.
En nuestros estudios hemos comprobado que allí donde hay más confianza en los demás:
en el vecino, en el de al lado, en el gobernante, en el empresario…,
allí donde hay más confianza porque hay más transparencia y más honestidad, hay también una mayor felicidad.
Nuestra tierra es vulnerable y puede así germinar.
Nosotros somos también vulnerables y nos podemos adaptar.
Nuestra adaptabilidad es nuestra mejor fortaleza.
¿De qué esta hecha nuestra vulnerabilidad?
Está hecha de flexibilidad. No tenemos que ser perfectos.
Cuando somos auténticos y a la vez somos flexibles podemos germinar.
Cuando el propósito del alma germina, entonces nos podemos realizar.
La segunda clave es por lo tanto humildad.
La humildad es la clave del aprendizaje, sólo desde la humildad podemos abrir nuestro corazón y sensibilizar nuestra piel, todas nuestras pieles, la piel de nuestro campo mental, de nuestro campo emocional y abrirla a la caricia del cosmos.
Vulnerabilidad, humildad y flexibilidad son las claves para la nueva vida,
para recuperar el poder de servir y disfrutar.
El orgullo nos impide disfrutar, porque el orgullo nos separa.
El orgullo divide y destruye el territorio de la conciencia, que es el territorio del nosotros.
Dos movimientos pues hasta el presente:
El yo interno que nos conduce a la autenticidad y en segundo lugar la adaptabilidad para llegarnos al tú y construir un nosotros.
Ahí viene la tercera condición para la felicidad, la más difícil de todas: la vida cambia y todo muere.
No hay nada constante.
Todo muere salvo el cambio.
No te resistas al cambio.
El cambio te introduce en una corriente de transformación y transmutación que permite al Espíritu fecundarte.
El cambio es fuerza transmutadora.
No temas el caos, pues es la matriz del cambio.
No temas la oscuridad, pues son reveladores de la luz.
Cuando aceptamos las transformaciones y las transmutaciones podemos ascender en la savia de la evolución, florecer y dar nuestro fruto.
Cuando nos reconocemos, encontramos la crisis aseguradora del cambio.
Vivir es un proceso de cambio permanente.
Cuando tenemos crisis, la vida se bifurca y no vuelve a ser la misma.
El cuerpo es un instrumento del ser y el ser es ese proceso de cambio permanente que nos empuja en un proceso de aprendizaje continuo…
Vivir es encender un fuego interior,
es convertir el conocimiento en sabiduría que nos permite desenvolvernos en un proceso de cambio permanente.
En el presente podemos siempre aprender del pasado.
Podemos cambiar la historia aprendiendo las lecciones.
Hay dos tipos de seres humanos: los aprendices y las víctimas.
Tú puedes optar por una u otra vía.
Puedes optar por dejar de ser víctima de tus creencias.
Recuerda que ellas también pueden ser dagas o cáncer, pueden ser fatales.
Tú terminas convertido en aquello que crees de ti.
Tú creas el universo en el que crees.
Si tú crees que eres culpable, te castigarás de mil maneras.
Si tú crees que no eres digno, te enfermarás.
Podrías, sin embargo, mirar al pasado, con ojos de presente, de presencia y de amor, no para quedarte en el dolor de tu pasado, sino para aprender la lección que dejaste de aprender.
Todas las lecciones aprendidas te ayudan a disfrutar de la Presencia que habita en tu presente.
Los problemas los podemos volver a re-vivir desde la consciencia y no desde la culpa o el condicionamiento.
El problema no es lo que nos pasó, el problema es cómo vivimos lo que nos pasó.
Si pudiéramos dejar el rol de la víctima,
podríamos resolver esos aspectos cruciales que siguen congelados en nosotros.
La historia no es lo que pasó, sino la lectura que haces de ella.
Si no dejas ir a las cosas, éstas se siguen reflejando en tu fisiología, en tus relaciones, en tu vida…,
turbando tu felicidad.
La sensibilidad nos puede liberar o nos puede matar.
Si la abordamos desde la posición de la víctima, se convierte en lágrimas de cocodrilo, en sensiblería y nos predispone a la manipulación que es el terreno de la inconsciencia.
Eso no es una verdadera relación humana, pues hay posesión, chantaje…
En el terreno de la sensiblería todos somos víctima.
¡Que se acabe ese territorio de la sensiblería y el chantaje emocional y asumamos nuestra responsabilidad!
Cuando nos duele la vida es que nos estamos despertando.
No necesitamos tantos analgésicos.
De pronto, necesitamos un dolor más grande para saber lo que éramos.
De pronto, alguien necesita ver la cara de la muerte para constatar el valor de su vida, de su mujer, de su hijo…
Tal vez tengamos que ver en la cama a nuestro hijo, que tiene una leucemia,
para experimentar que es una enfermedad que no sólo tiene que ver con los glóbulos blancos, sino con la forma en que nos comunicamos.
Que no sólo tiene que ver con una radiación ionizante, sino con nuestra agresividad, con nuestro desamor…
No hay nada más radiactivo que las emociones contenida, retenidas y reprimidas.
Un día nos duele la vida y la vida nos dice que también es con nosotros y nos acerca un dolor que es un despertador. Un día vemos la proximidad de la muerte y ella nos enseña las lecciones más hermosas de la vida.
Un dolor nos hace sensibles, nos ablanda.
Todo fruto maduro es blando.
El amor deja de ser un amor duro y dominante y casi perfecto y se convierte en ternura, entonces vuelves a nacer.
La sensibilidad nos hace tiernos.
Los viejecitos se vuelven tiernos y les cuentan cuentos a los nietecitos.
Inician el camino de regreso, el camino de regreso es la ternura.
En el seno del caos renacemos.
En el caos existe un vórtice de sensibilidad infinita que nos permite transformarnos y emerger y con ello,
llega también la felicidad.
El estado de emergencia es un estado de alerta intenso, de genuina presencia, de éxtasis.
Se trata de un estado en que, aún con todas las perturbaciones, te encuentras contigo mismo.
Paradójicamente, en el ojo del huracán hay una infinita paz y adquieres un potencial infinito.
El problema no es lo que ocurra fuera, si no lo que ocurre dentro de ti.
Es posible, aún con toda la turbulencia, que mantengas tu serenidad.
La serenidad es la paz profunda e inconmovible del ser que te permite abordar los procesos de cambio sin resistencia.
He ahí la tercera vía a la felicidad: no te resistas al cambio.
Aprovecha la oportunidad de cada crisis.
Utiliza tu infinita sensibilidad.
Aprovecha las oportunidades que te brinda la vida para acceder a un nuevo potencial.
Aprovecha la bifurcación cuando la vida no vuelve a ser igual.
Aprovecha las semillas que la vida siembra en tu corazón, cuando la vida te duele profundamente.
Aprovecha el parto del caos para nacer a un orden superior y así recrear y reinventar tu vida.
La cuarta vía a la felicidad es la responsabilidad.
A un animal no le podemos pedir responsabilidad, pero sí a un ser humano.
Responsabilidad es una sensibilidad convertida en capacidad de responder.
Tu evolución está determinada por tu grado de responsabilidad.
¿A qué respondes?
¿Respondes por tus actos, respondes por ti?
¿Respondes al dolor ajeno?
La responsabilidad es una condición esencial del amor.
El amor sin responsabilidad es lo más peligroso que hay en este mundo.
En nombre del amor hemos cometido las mayores barbaridades.
La responsabilidad hace que el amor sea una verdadera respuesta a la felicidad.
El amor es reconocer lo esencial del otro.
La responsabilidad nos permite comunicarnos y corresponder.
El amor nos lleva a un universo maravilloso de correspondencias.
Todo verdadero amor surge de la amistad y toda genuina amistad es reciprocidad, es una vía que va en dos direcciones.
Donde hay reciprocidad hay resonancia, donde hay correspondencia hay correctas relaciones humanas.
Esa es la más maravillosa lección que vinimos a aprender: correctas relaciones humanas.
En ello somos todos aprendices.
Vinimos a aprender a relacionarnos.
No vinimos a aprender a ser ingenieros o abogados.
Esos son instrumentos para relacionarnos.
El hombre es un ser relacional y vinimos fundamentalmente a aprender relaciones humanas
respetuosas, responsables, liberadoras.
No son relaciones sociales para retenernos, para poseernos, para chantajearnos.
Lo son para liberarnos y completarnos.
Así transformamos la ecología de la Tierra, que no es una ecología externa.
Lo que le pasa a la Tierra es lo que le está sucediendo al corazón del hombre.
Si yo abro mi corazón, abro la tierra dentro de mí.
Si me amo y amo a mis semejantes, amo también a la tierra, al paisaje y la atmósfera.
Y si amo con un amor puro no me contaminaré.
El resentimiento es el agente contaminante.
El amor liberador existe en la reciprocidad responsable.
Amar es dar y recibir.
Hay más sabiduría en el saber recibir.
A menudo nos negamos a recibir el regalo de la sonrisa, de la mirada del otro, por no comprometernos, por no quedar en deudas.
Necesitamos infinitas deudas de amor como vía a la felicidad.
La gratitud es esa habilidad que revela tu propia luz.
La quinta y última vía a la felicidad es la sencillez.
La belleza es sencilla.
Sólo lo sencillo es integro, sólo lo que es integro nos conduce a la unidad.
La sencillez es transparencia, claridad, humildad, honestidad.
Nos permite bajar del pedestal y entrar en la corriente de la gente.
Conquistar el código de la sencillez en tu vida te lleva a ser feliz.
No se trata de ser el gigante de tus sueños, ni el enano de tus complejos…
sino de entrar en la corriente de la gente y sentirte uno con todos ellos.
Conquistar el código de la sencillez en tu vida es condición para ser feliz,
porque no tienes ninguna expectativa, porque así eres feliz con todo y a pesar de todo.
Esa felicidad te hace entrar en comunión con tu humanidad.
En esa comunión nos damos cuenta que somos la voz del Creador, que a la vez somos co-creadores, llamados a recrear la creación.
Estamos aquí para conectarnos a la gran cadena de la vida, a esa gran cadena de inteligencia cósmica, río de conciencia.
Somos mediadores entre los reinos inferiores y superiores de la naturaleza.
Cuando somos sencillos reflejamos el Alma, no para la vida eterna, sino para aquí y ahora en vivo y en directo.
Ya no sólo comunicarnos, sino fundirnos por el centro, de corazón a corazón y así entrar en esa corriente de la evolución que pasa a través de nosotros para liberarse.
Podríamos encontrar en esos ojos una humanidad profunda
y entrar en ese territorio de la magia que es el territorio de la vida.
Podríamos creer que vivimos más allá de existir, a pesar de nuestro cáncer, a pesar de nuestro dolor…
A pesar de nuestras pequeñas miserias hay tanta grandeza en la semilla humana…
Hay tanto en nosotros esperando para ser, para fructificar, para amar…
Hay tanta humanidad esperándonos en las fronteras, esperando un encuentro entre el Norte y el Sur, entre el Oriente y Occidente… para así encontrar ese sol del centro del ser humano.
Hay tanto en nosotros esperando revelarse, recrearse, fructificar.
Somos semilla y a partir de ese potencial infinito, de ese océano interior podemos re-encantar: la vida.
Podemos volvernos a crear y así divertirnos y gozar.
¿Y si de pronto pensáramos todos que el sentido de la vida es la felicidad?
¿Y si nos atreviéramos a ser felices?
¿Cómo sería eso?
¿Cuáles serían los ingredientes de la felicidad?
¿Si pudiéramos identificarnos con el ser que somos y no con la sombra, la apariencia o la dependencia?
¿Y si de repente volviéramos a ser lo que somos, auténticos, creadores de nuestros propios días?
¿Si pudiéramos entrar de lleno en ese río profundo de la vida que nos habita en cada instante, para encontrar en su cauce, corrientes de amor?
¿Si pudiéramos despertar ese torrente amoroso que habita en nuestra sangre…?
¿Si pudiéramos reencontrar la fuerza de nuestra propia identidad y así nos completáramos los unos a los otros?
¿Si pudiéramos, como Pablo Neruda decir: “Súbete conmigo a nacer, hermano”?
¿Si pudiéramos entrar en nosotros y aceptarnos reconocernos y amarnos…?
Dejar de buscar a Dios en el exterior y descubrir que estaba allí en nosotros,
esperándonos en nuestro propio corazón con su infinito potencial.
¿Si el único partido que tomáramos fuera a favor del ser humano y nuestra única religión, la del amor, y nuestro único método, el de la hermandad?
Descubriríamos que cada cosa, cada evento es un maestro con el alma como aprendiz.
¿Si nos bajáramos de los pedestales del orgullo, de la maestría y del materialismo de una vida repetitiva
y nos inventáramos la vida y regresáramos a la inocencia y ésta no fuera una inocencia ingenua, sino consciente? Entonces, volveríamos a ser como niños, porque el Reino de la inocencia es el Reino de los Cielos
y él está en nosotros y es un templo de relaciones…
¿Si miráramos al dolor y la enfermedad como un Maestro?
¿Si aprendiéramos la lección y más allá de la culpa y más allá de la carga pudiéramos liberar la levedad de ese aprendizaje y con esa levedad ascender?
Hay seres humanos que creyeron en imposibles y los realizaron.
Ahí están con la desnudez de su autenticidad.
No tuvieron más escudo que su conciencia del amor y su corazón abierto.
Soñadores de imposibles que nos demostraron que los imposibles se realizan cuando creemos en nosotros.
Cuando creemos en nosotros activamos el potencial de un Dios que no es externo, sino que es interior, un Dios que nos acompaña y nos da su energía y su fuerza.
¿Es posible ser felices?
Sí, es posible, a pesar del dolor, pues el dolor no es lo contrario de la felicidad.
Es posible ser felices a pesar de la muerte, pues la muerte no es lo contrario de la vida.
Es posible ser felices a pesar de la tristeza, pues la tristeza no es lo contrario de la alegría.
La felicidad es ese sentimiento leve de compasión y de aceptación que te lleva por la vía del Ser.
La felicidad es ese sentimiento incondicional en el que tú amas porque te da la gana, porque sí, porque llueve o hace sol; en cualquier caso sin ninguna condición.
La felicidad sólo puede partir de ti.
No es exterior, no depende de tu economía…
La gente hoy, tiene una economía dos veces superior a la de hace treinta años, pero es dos veces más infeliz.
La felicidad no depende de los conocimientos.
El conocimiento sin corazón es destructivo.
De repente, adquieres un cáncer y descubres ese estado interior desde el cuál también puedes ser feliz.
La felicidad es una construcción interior, parte de un paraíso interno.
El Paraíso no es ajeno, tú lo pintas y entras después en él.
Tú lo creas y lo re-creas.
En la felicidad no hay un Dios exterior.
Tú eres a imagen y semejanza de ese Creador que habla en tu palabra,
mira en tu mirada y ama con tu amor.
¿Podríamos entonces vislumbrar nuestro camino hacia la felicidad?
Sí. Ese camino es un camino de retorno.
Es un camino de consciencia.
Es un camino que libera porque no está hecho de dependencias.
Nada que te ate, nada que te amarre, nada que conduzca al poder… te lleva a la felicidad.
Más poder no da más felicidad, si no, más dependencia.
Más placer no constituye más felicidad.
Más vivir para los sentidos hace que pierdas el sentido.
La felicidad es un camino hacia el sentido, un sendero que empieza en tu interior y termina en tu interior.
Tú eres el centro del universo cuando eres consciente de ti.
La felicidad parte de la atención que es el uso fundamental de la conciencia.
Cuando estás atento, te centras y eres dueño de ti mismo y de tu potencial.
Cuando estás atento, generas un láser con tu propia consciencia y ahí habitas
y tienes el movimiento, la vida y el ser.
Cuando estás atento, construyes un espacio interior que te conecta con el infinito.
Cuando estás atento, construyes el instante y en ese instante eres eterno.
Cuando estás atento, te reconoces a ti mismo y vuelves a nacer de ti mismo, siendo el parto y el partero;
eres el Creador, porque naces de ti y regresas a tu conciencia.
La atención es el momento más importante de la consciencia,
es el momento de la creación en el que descubrimos el presente, es el tiempo de la sincronicidad, el tiempo de la resonancia.
Uno nace al presente por la renuncia al pasado, al deshipotecar la vida de los condicionamientos del pasado.
Tenemos la vida hipotecada con las expectativas hacia el porvenir
y entonces nos perdemos el lugar de la vida que es este instante.
Este instante es sagrado porque en este instante, y no en otro, vive el ser.
Allí no hay tener, allí no hay placer, allí solamente bulle el ser y ese ser es lo que somos: potencial infinito que nos habita, Dios tan inmanente como trascendente…
Ese Dios Universal se interioriza en nosotros y convierte la vida en algo mágico.
Ese Dios nos humaniza y nos redime.
Ese Dios permite que el reino mineral cante y baile y que el reino vegetal florezca y que el reino animal pueda sentir. Ese Dios permite que el ser humano tenga las alas del pensamiento y desde las alas del pensamiento restaure la intuición, la visión de la totalidad.
Desde esa visión de la totalidad nos unimos de nuevo en el maravilloso Camino de Regreso al Creador,
que Es y Somos.
El primer paso a la felicidad es la autenticidad.
La autenticidad es una genuina identidad, una identidad única, original;
es la identidad que nos hace íntegros…
La vida es creativa cuando es única.
La vida es arte, se goza, se inventa a cada momento.
Cuando eres único vives la magia del amor.
El amor no se gasta, no es repetitivo, no se fatiga, el amor no es rutina, ni condición…
Es una fuerza magnética, atractiva que te renueva a cada instante.
Cuando te puedes renovar a cada instante eres único.
Cuando eres único, te das cuenta de que eres importante, porque eres irrepetible y no tienes competencia posible, porque puedes compartir, te puedes entregar sin temor a perderte y con cada entrega te vas a renovar,
te vas a completar y además, vas a completar al otro con tus ojos, con tu abrazo, con tu palabra, con tu silencio, con tu compañía, con tu presencia…
Así puedes disfrutar la vida.
Primera clave para la felicidad: sé como tú; no como nadie más, único, irrepetible y original.
Da tu propia nota en la sinfonía de la creación, esa nota que es necesaria porque no hay dos seres humanos como tú. Cuando tú no pretendes ser como nadie más que como tú,
entonces descubres esa corriente hermosa del Creador que eres,
y entras en el mundo maravilloso de tu tierra, de tu raíz, de tu savia,
entras en el lugar desde el que puedes re-nacer.
Si no tienes ese útero que te está pariendo, que es tu propia identidad,
si no te aceptas, si no te amas, si no te afirmas, nada podrás encontrar.
Autoafírmate para que te completes, para que completes el universo.
Ello no sería posible si no te hubieras perdonado.
Lo más duro en el momento de la muerte es la culpa, no el cáncer o es el dolor.
Lo más doloroso es el miedo al más allá, al infierno de esa falsa creencia de que hay un Dios castigador,
el temor oculto de que Dios no te va perdonar.
Pero Dios es amor, y donde hay amor no puede haber juicio.
El juicio está dentro de ti, el infierno está dentro de ti y eres tú quien lo ha construido.
Sin embargo, podrías construir un paraíso.
La pregunta es: ¿cuentas contigo, te aprecias, te valoras, te reconoces?
Ese es el primer paso en el sendero de la felicidad.
Es un paso hacia el interior.
Encuéntrate contigo, en tu centro.
Respira profundo y siente la maravilla de la vida.
El sol brilla para ti, los pájaros cantan para ti y el aire y de la magia de la mañana soplan para ti.
El universo celebra tu presencia cuando tú te presentas ante ti.
Entonces, descubres tu rostro, que no es otro que el del amor, recuperas tu poder y entras en comunión.
Vives en alegría y levedad y ya no tienes el peso del cuerpo, de la culpa, del condicionamiento…
Aceptas tus luces y tus sombras.
Reconocerás la nota clave de un corazón que nace y muere a cada instante.
La muerte y el renacimiento del corazón es la sístole y la diástole, dura un solo segundo.
En cada segundo el corazón se da entero.
Si el corazón guardara una gota en cada segundo,
en una hora tendríamos insuficiencia cardiaca.
Hermoso sería que nosotros pudiéramos atender esa ley del corazón y así en cada segundo,
desde tu identidad, entregar y fructificar sin medida.
Ese fruto dulce de tu vida se hizo para dar.
Cuando ya tengas tu tierra y tu paraíso, multiplica tus semillas,
porque así, dándote, se liberan y es dando como recibimos.
Cuando nos damos descubrimos nuestra genuina identidad, nuestra tierra, nuestro paraíso.
Cuando hay un yo aparece un tú.
Entre el tú y el yo se genera un movimiento de resonancia, de comunicación coherente, de diálogo.
Surge ahí una inteligencia que representa tu capacidad de adaptarte a la vida.
No hay una inteligencia espiritual, separada de la inteligencia molecular.
Es una inteligencia dinámica y adaptativa: tu capacidad de adaptación a la vida.
El segundo movimiento hacia la felicidad es la adaptabilidad.
Adáptate a la vida, al cambio, a la corriente.
No te resistas pues produces calor, desgastas tu energía.
Cuando no te resistes, la vida pasa a través de ti y te refresca y te fecunda.
Necesitas del otro para mirarte, reconocerte, observarte en ese espejo y poder modificarte y crecer hacia un nuevo ser.
Esa nueva tierra tuya ha sido fecundada por el tú, cuando el tú cabe en el yo, entonces surge la maravilla del nosotros.
En nuestros estudios hemos comprobado que allí donde hay más confianza en los demás:
en el vecino, en el de al lado, en el gobernante, en el empresario…,
allí donde hay más confianza porque hay más transparencia y más honestidad, hay también una mayor felicidad.
Nuestra tierra es vulnerable y puede así germinar.
Nosotros somos también vulnerables y nos podemos adaptar.
Nuestra adaptabilidad es nuestra mejor fortaleza.
¿De qué esta hecha nuestra vulnerabilidad?
Está hecha de flexibilidad. No tenemos que ser perfectos.
Cuando somos auténticos y a la vez somos flexibles podemos germinar.
Cuando el propósito del alma germina, entonces nos podemos realizar.
La segunda clave es por lo tanto humildad.
La humildad es la clave del aprendizaje, sólo desde la humildad podemos abrir nuestro corazón y sensibilizar nuestra piel, todas nuestras pieles, la piel de nuestro campo mental, de nuestro campo emocional y abrirla a la caricia del cosmos.
Vulnerabilidad, humildad y flexibilidad son las claves para la nueva vida,
para recuperar el poder de servir y disfrutar.
El orgullo nos impide disfrutar, porque el orgullo nos separa.
El orgullo divide y destruye el territorio de la conciencia, que es el territorio del nosotros.
Dos movimientos pues hasta el presente:
El yo interno que nos conduce a la autenticidad y en segundo lugar la adaptabilidad para llegarnos al tú y construir un nosotros.
Ahí viene la tercera condición para la felicidad, la más difícil de todas: la vida cambia y todo muere.
No hay nada constante.
Todo muere salvo el cambio.
No te resistas al cambio.
El cambio te introduce en una corriente de transformación y transmutación que permite al Espíritu fecundarte.
El cambio es fuerza transmutadora.
No temas el caos, pues es la matriz del cambio.
No temas la oscuridad, pues son reveladores de la luz.
Cuando aceptamos las transformaciones y las transmutaciones podemos ascender en la savia de la evolución, florecer y dar nuestro fruto.
Cuando nos reconocemos, encontramos la crisis aseguradora del cambio.
Vivir es un proceso de cambio permanente.
Cuando tenemos crisis, la vida se bifurca y no vuelve a ser la misma.
El cuerpo es un instrumento del ser y el ser es ese proceso de cambio permanente que nos empuja en un proceso de aprendizaje continuo…
Vivir es encender un fuego interior,
es convertir el conocimiento en sabiduría que nos permite desenvolvernos en un proceso de cambio permanente.
En el presente podemos siempre aprender del pasado.
Podemos cambiar la historia aprendiendo las lecciones.
Hay dos tipos de seres humanos: los aprendices y las víctimas.
Tú puedes optar por una u otra vía.
Puedes optar por dejar de ser víctima de tus creencias.
Recuerda que ellas también pueden ser dagas o cáncer, pueden ser fatales.
Tú terminas convertido en aquello que crees de ti.
Tú creas el universo en el que crees.
Si tú crees que eres culpable, te castigarás de mil maneras.
Si tú crees que no eres digno, te enfermarás.
Podrías, sin embargo, mirar al pasado, con ojos de presente, de presencia y de amor, no para quedarte en el dolor de tu pasado, sino para aprender la lección que dejaste de aprender.
Todas las lecciones aprendidas te ayudan a disfrutar de la Presencia que habita en tu presente.
Los problemas los podemos volver a re-vivir desde la consciencia y no desde la culpa o el condicionamiento.
El problema no es lo que nos pasó, el problema es cómo vivimos lo que nos pasó.
Si pudiéramos dejar el rol de la víctima,
podríamos resolver esos aspectos cruciales que siguen congelados en nosotros.
La historia no es lo que pasó, sino la lectura que haces de ella.
Si no dejas ir a las cosas, éstas se siguen reflejando en tu fisiología, en tus relaciones, en tu vida…,
turbando tu felicidad.
La sensibilidad nos puede liberar o nos puede matar.
Si la abordamos desde la posición de la víctima, se convierte en lágrimas de cocodrilo, en sensiblería y nos predispone a la manipulación que es el terreno de la inconsciencia.
Eso no es una verdadera relación humana, pues hay posesión, chantaje…
En el terreno de la sensiblería todos somos víctima.
¡Que se acabe ese territorio de la sensiblería y el chantaje emocional y asumamos nuestra responsabilidad!
Cuando nos duele la vida es que nos estamos despertando.
No necesitamos tantos analgésicos.
De pronto, necesitamos un dolor más grande para saber lo que éramos.
De pronto, alguien necesita ver la cara de la muerte para constatar el valor de su vida, de su mujer, de su hijo…
Tal vez tengamos que ver en la cama a nuestro hijo, que tiene una leucemia,
para experimentar que es una enfermedad que no sólo tiene que ver con los glóbulos blancos, sino con la forma en que nos comunicamos.
Que no sólo tiene que ver con una radiación ionizante, sino con nuestra agresividad, con nuestro desamor…
No hay nada más radiactivo que las emociones contenida, retenidas y reprimidas.
Un día nos duele la vida y la vida nos dice que también es con nosotros y nos acerca un dolor que es un despertador. Un día vemos la proximidad de la muerte y ella nos enseña las lecciones más hermosas de la vida.
Un dolor nos hace sensibles, nos ablanda.
Todo fruto maduro es blando.
El amor deja de ser un amor duro y dominante y casi perfecto y se convierte en ternura, entonces vuelves a nacer.
La sensibilidad nos hace tiernos.
Los viejecitos se vuelven tiernos y les cuentan cuentos a los nietecitos.
Inician el camino de regreso, el camino de regreso es la ternura.
En el seno del caos renacemos.
En el caos existe un vórtice de sensibilidad infinita que nos permite transformarnos y emerger y con ello,
llega también la felicidad.
El estado de emergencia es un estado de alerta intenso, de genuina presencia, de éxtasis.
Se trata de un estado en que, aún con todas las perturbaciones, te encuentras contigo mismo.
Paradójicamente, en el ojo del huracán hay una infinita paz y adquieres un potencial infinito.
El problema no es lo que ocurra fuera, si no lo que ocurre dentro de ti.
Es posible, aún con toda la turbulencia, que mantengas tu serenidad.
La serenidad es la paz profunda e inconmovible del ser que te permite abordar los procesos de cambio sin resistencia.
He ahí la tercera vía a la felicidad: no te resistas al cambio.
Aprovecha la oportunidad de cada crisis.
Utiliza tu infinita sensibilidad.
Aprovecha las oportunidades que te brinda la vida para acceder a un nuevo potencial.
Aprovecha la bifurcación cuando la vida no vuelve a ser igual.
Aprovecha las semillas que la vida siembra en tu corazón, cuando la vida te duele profundamente.
Aprovecha el parto del caos para nacer a un orden superior y así recrear y reinventar tu vida.
La cuarta vía a la felicidad es la responsabilidad.
A un animal no le podemos pedir responsabilidad, pero sí a un ser humano.
Responsabilidad es una sensibilidad convertida en capacidad de responder.
Tu evolución está determinada por tu grado de responsabilidad.
¿A qué respondes?
¿Respondes por tus actos, respondes por ti?
¿Respondes al dolor ajeno?
La responsabilidad es una condición esencial del amor.
El amor sin responsabilidad es lo más peligroso que hay en este mundo.
En nombre del amor hemos cometido las mayores barbaridades.
La responsabilidad hace que el amor sea una verdadera respuesta a la felicidad.
El amor es reconocer lo esencial del otro.
La responsabilidad nos permite comunicarnos y corresponder.
El amor nos lleva a un universo maravilloso de correspondencias.
Todo verdadero amor surge de la amistad y toda genuina amistad es reciprocidad, es una vía que va en dos direcciones.
Donde hay reciprocidad hay resonancia, donde hay correspondencia hay correctas relaciones humanas.
Esa es la más maravillosa lección que vinimos a aprender: correctas relaciones humanas.
En ello somos todos aprendices.
Vinimos a aprender a relacionarnos.
No vinimos a aprender a ser ingenieros o abogados.
Esos son instrumentos para relacionarnos.
El hombre es un ser relacional y vinimos fundamentalmente a aprender relaciones humanas
respetuosas, responsables, liberadoras.
No son relaciones sociales para retenernos, para poseernos, para chantajearnos.
Lo son para liberarnos y completarnos.
Así transformamos la ecología de la Tierra, que no es una ecología externa.
Lo que le pasa a la Tierra es lo que le está sucediendo al corazón del hombre.
Si yo abro mi corazón, abro la tierra dentro de mí.
Si me amo y amo a mis semejantes, amo también a la tierra, al paisaje y la atmósfera.
Y si amo con un amor puro no me contaminaré.
El resentimiento es el agente contaminante.
El amor liberador existe en la reciprocidad responsable.
Amar es dar y recibir.
Hay más sabiduría en el saber recibir.
A menudo nos negamos a recibir el regalo de la sonrisa, de la mirada del otro, por no comprometernos, por no quedar en deudas.
Necesitamos infinitas deudas de amor como vía a la felicidad.
La gratitud es esa habilidad que revela tu propia luz.
La quinta y última vía a la felicidad es la sencillez.
La belleza es sencilla.
Sólo lo sencillo es integro, sólo lo que es integro nos conduce a la unidad.
La sencillez es transparencia, claridad, humildad, honestidad.
Nos permite bajar del pedestal y entrar en la corriente de la gente.
Conquistar el código de la sencillez en tu vida te lleva a ser feliz.
No se trata de ser el gigante de tus sueños, ni el enano de tus complejos…
sino de entrar en la corriente de la gente y sentirte uno con todos ellos.
Conquistar el código de la sencillez en tu vida es condición para ser feliz,
porque no tienes ninguna expectativa, porque así eres feliz con todo y a pesar de todo.
Esa felicidad te hace entrar en comunión con tu humanidad.
En esa comunión nos damos cuenta que somos la voz del Creador, que a la vez somos co-creadores, llamados a recrear la creación.
Estamos aquí para conectarnos a la gran cadena de la vida, a esa gran cadena de inteligencia cósmica, río de conciencia.
Somos mediadores entre los reinos inferiores y superiores de la naturaleza.
Cuando somos sencillos reflejamos el Alma, no para la vida eterna, sino para aquí y ahora en vivo y en directo.
Ya no sólo comunicarnos, sino fundirnos por el centro, de corazón a corazón y así entrar en esa corriente de la evolución que pasa a través de nosotros para liberarse.
sábado, 26 de noviembre de 2011
El secreto de la Felicidad tambien depende de los genes.
Con frecuencia salen a la luz estudios científicos que buscan determinar por qué la gente se siente feliz. Cualquiera pensaría que la clave está en gozar de buena salud, tener armonía con la pareja, un trabajo estable con buen salario y poder satisfacer los gustos particulares. Aunque varias investigaciones han afirmado que estos factores externos son importantes para determinar el nivel de satisfacción de una persona, un nuevo estudio del Instituto de Investigación Empírica en Economía, de la Universidad de Zúrich, Suiza, encontró que la felicidad depende también de los genes, y que algunas razas son más propensas a ella.
El trabajo, titulado Genes, Economics and Happiness, tomó por referencia algunos estudios pasados en los que se había concluido que existe predisposición genética para ser feliz. Los autores recurrieron al mismo método utilizado por estos expertos para ratificar su teoría. Reunieron a un grupo de gemelos y mellizos para preguntarles sobre su felicidad y, en el caso de los primeros, las respuestas fueron muy parecidas a las de los segundos. Esto sucede porque los gemelos comparten el 100 por ciento de su ADN, mientras que los mellizos tan solo el 50. Según Jan-Emmanuel De Neve, coautor del estudio y profesor de London School of Economics y University College London, estos resultados demostraron que "al menos un tercio del nivel de felicidad de las personas está relacionado con la genética", según dijo a SEMANA.
Sin embargo, De Neve y sus colegas fueron más allá. Analizaron el ADN de 2.500 personas y encontraron un gen que está directamente relacionado con el nivel de satisfacción de las personas. Se trata del 5-HTT, el cual ayuda a las células nerviosas a reciclar serotonina, una sustancia química ubicada en el cerebro vinculada con el estado de ánimo. Cada persona nace con dos versiones de este gen, uno por parte del padre y otro de la madre. Los investigadores descubrieron que quienes heredan las versiones cortas de dicho gen son menos felices que los que nacen con las largas.
Pero lo más interesante del hallazgo es que algunas razas son más propensas a poseer este gen en su versión larga. Aunque la muestra fue realizada con residentes en Estados Unidos, los autores dividieron los resultados por origen étnico y encontraron que el 5-HTT largo es más común en los afroamericanos, los blancos y los latinos que en personas de origen asiático. Estos resultados concuerdan con otros estudios a nivel global que revelan que en los países de Asia el nivel de felicidad es bajo, mientras que en los de África sucede lo contrario. Esto no es sorpresivo si se tiene en cuenta que ese es el continente más diverso a nivel genético, pues allí evolucionó la raza humana y surgieron todo tipo de mestizajes cuando emigraron a otros continentes.
Si bien quedó demostrado con esta investigación que la influencia genética es un hecho y determina en cierta medida la felicidad, los autores afirman que esta es muy compleja y depende también de otros factores socioculturales como el nivel de educación, el estado civil e incluso la edad, los cuales hacen variar los índices de satisfacción de la gente. "Los genes y el medio ambiente interactúan hasta cierto punto. De todas maneras, está claro que son complementarios y por sí solos no pueden determinar la felicidad de una persona", dijo De Neve a SEMANA. Este hallazgo es un nuevo paso para entender más a fondo las razones por las que algunos tienden a tener pintada con más frecuencia una sonrisa en el rostro.
http://www.semana.com/vida-moderna/secreto-felicidad/167755-3.aspx
lunes, 6 de junio de 2011
Que es la felicidad? Hablar, reír y darnos besos
Hay situaciones en la vida que jamás se olvidan. Algunas de ellas, en mi caso, fueron ciertas clases de facultad. Una de ellas fue el primer día de la asignatura Electricidad y Magnetismo. Lo recuerdo como si fuera ayer. El profesor llegó, cogió una tiza y mientras escribía en la pizarra dijo:
- Hay cuatro fuerzas en la Naturaleza: las nucleares (fuerte y débil), la gravedad y el electromagnetismo. ¿Son las cuatro independientes o son más bien diferentes expresiones de una única Fuerza? – y con toda la seriedad y sin la más leve sonrisa, mirándonos a todos, añadió – No se sabe. Si algún día uno de vosotros puede demostrar esto, tiene el Nobel asegurado. En esta asignatura, hablaremos del electromagnetismo.
Fue la primera vez que vi a un profesor tratarme como un futuro colega más que como un alumno y ese profesor fue siempre receptivo a que le hiciéramos preguntas. Aprendí muchísimas cosas de él. Sobre hacer preguntas os hablaré en nuestra historia de hoy.
Hay preguntas ingenuas, preguntas tediosas, preguntas mal formuladas, preguntas planteadas con una inadecuada autocrítica. Pero toda pregunta es un clamor por entender el mundo. No hay preguntas estúpidas. Los niños listos que tienen curiosidad son un recurso nacional y mundial. Se los debe cuidar, mimar y animar. Pero no basta con el mero ánimo. También se les debe dar las herramientas esenciales para pensar.
Este párrafo anterior es la culminación de un par de páginas del libro, ya citado muchas veces, El mundo y sus demonios. Coincido con Carl Sagan y con Isaac Asimov en que las preguntas de los niños y jóvenes son las más temibles que puede uno recibir. Y, por supuesto, si sus preguntas son las más temibles, sus respuestas llegan a ser de lo más impresionante. Y es que los niños lo ven todo con una óptica mucho más sencilla que la nuestra.
Ya Charles Darwin, en su libro “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales” nos explicaba que en cierta ocasión preguntó a un niño de unos cinco años qué era para él ser feliz. Sin pensárselo dos veces, el niño le contestó:
- Hablar, reír y darnos besos.
Una maravillosa respuesta que dejaría a cualquiera fuera de combate, ¿verdad?.
Pues bien, desgraciadamente, de mayores perdemos esa fantástica cualidad de los niños: hacer preguntas. Hemos de intentar no inculcar el miedo a hacer preguntas a nuestros menores ni a nosotros mismos. Pero voy a dejar que os lo explique el maestro Sagan, que lo hace mucho mejor de lo que lo podría hacer yo mismo.
Excepto para los niños (que no saben lo suficiente como para dejar de hacer las preguntas importantes), pocos de nosotros dedicamos mucho tiempo a preguntarnos por qué la naturaleza es como es; de dónde viene el cosmos, o si siempre ha estado allí; si un día el tiempo irá hacia atrás y los efectos precederán a las causas; o si hay límites definitivos a lo que deben saber los humanos. Incluso hay niños, y he conocido algunos, que quieren saber cómo es un agujero negro, cuál es el pedazo más pequeño de materia, por qué recordamos el pasado y no el futuro, y por qué existe un universo.
De vez en cuando tengo la suerte de enseñar en una escuela infantil o elemental. Encuentro muchos niños que son científicos natos, aunque con el asombro muy acusado y el escepticismo muy suave. Son curiosos, tienen vigor intelectual. Se les ocurren preguntas provocadoras y perspicaces. Muestran un entusiasmo enorme. Me hacen preguntas sobre detalles. No han oído hablar nunca de la idea de una “pregunta estúpida”.
Pero cuando hablo con estudiantes de instituto encuentro algo diferente. Memorizan “hechos” pero, en general, han perdido el placer del descubrimiento, de la vida que se oculta tras los hechos. Han perdido gran parte del asombro y adquirido muy poco escepticismo. Les preocupa hacer “preguntas estúpidas”; están dispuestos a aceptar respuestas inadecuadas; no plantean cuestiones de detalle; el aula se llena de miradas de reojo para valorar, segundo a segundo, la aprobación de sus compañeros. Vienen a clase con las preguntas escritas en un trozo de papel, que examinan subrepticiamente en espera de su turno y sin tener en cuenta la discusión que puedan haber planteado sus compañeros en aquel momento.
Ha ocurrido algo entre el primer curso y los cursos superiores, y no es sólo la adolescencia. Yo diría que es en parte la presión de los compañeros contra el que destaca (excepto en deportes); en parte que la sociedad predica la gratificación a corto plazo; en parte la impresión de que la ciencia o las matemáticas no le ayudan a uno a comprarse un coche deportivo; en parte que se espera poco de los estudiantes, y en parte que hay pocas recompensas o modelos para una discusión inteligente sobre ciencia y tecnología … o incluso para aprender porque sí. Los pocos que todavía muestran interés reciben el insulto de “bichos raros”, “repelentes” o “empollones”.
Pero hay algo más: he visto a muchos adultos que se enfadan cuando un niño les plantea preguntas científicas. ¿Por qué la Luna es redonda?, preguntan los niños. ¿Por qué la hierba es verde? ¿Qué es un sueño? ¿Hasta qué profundidad se puede cavar un agujero? ¿Cuándo es el cumpleaños del mundo? ¿Por qué tenemos dedos en los pies? Demasiados padres y maestros contestan con irritación o ridiculización, o pasan rápidamente a otra cosa: “¿Cómo querías que fuera la Luna, cuadrada?” Los niños reconocen en seguida que, por alguna razón, este tipo de preguntas enoja a los adultos. Unas cuantas experiencias más como ésta, y otro niño perdido para la ciencia. No entiendo por qué los adultos simulan saberlo todo ante un niño de seis años. ¿Qué tiene de malo admitir que no sabemos algo? ¿Es tan frágil nuestro orgullo?
Lo que es más, muchas de estas preguntas afectan a aspectos profundos de la ciencia, algunos todavía no resueltos del todo. Por qué la Luna es redonda tiene que ver con el hecho de que la gravedad es una fuerza que tira hacia el centro de cualquier mundo y con lo resistentes que son las rocas. La hierba es verde a causa del pigmento de clorofila, desde luego a todos nos han metido esto en la cabeza, pero ¿por qué tienen clorofila las plantas? Parece una tontería, pues el Sol produce su máxima energía en la parte amarilla y verde del espectro. ¿Por qué las plantas de todo el mundo rechazan la luz del sol en sus longitudes de onda más abundantes? Quizá sea la plasmación de un accidente de la antigua historia de la vida en la Tierra. Pero hay algo que todavía no entendemos sobre por qué la hierba es verde.
Hay mejores respuestas que decirle al niño que hacer preguntas profundas es una especie de pifia social. Si tenemos una idea de la respuesta, podemos intentar explicarla. Aunque el intento sea incompleto, sirve como reafirmación e infunde ánimo. Si no tenemos ni idea de la respuesta, podemos ir a la enciclopedia. Si no tenemos enciclopedia, podemos llevar al niño a la biblioteca. O podríamos decir: “No sé la respuesta. Quizá no la sepa nadie. A lo mejor, cuando seas mayor, lo descubrirás tú.”
- Y puede que te den un Nobel por ello – añadiría yo.
Así que recordad: no hay preguntas estúpidas. La única pregunta estúpida es la que no se hace. Aunque podáis meter la pata, nunca tengáis miedo a preguntar si no sabéis algo. Y tampoco tengáis miedo de que se rían de vosotros por ello: esos que se ríen, ni conocen la respuesta ni se atreven a preguntar. Y si la conocen, poco más aprenderán.
Fuentes:
“El mundo y sus demonios“, Carl Sagan
“Els secrets de la felicitat”, Sebastià Serrano
Tomado de historias de la ciencia el 6 de junio de 2011
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- Hay cuatro fuerzas en la Naturaleza: las nucleares (fuerte y débil), la gravedad y el electromagnetismo. ¿Son las cuatro independientes o son más bien diferentes expresiones de una única Fuerza? – y con toda la seriedad y sin la más leve sonrisa, mirándonos a todos, añadió – No se sabe. Si algún día uno de vosotros puede demostrar esto, tiene el Nobel asegurado. En esta asignatura, hablaremos del electromagnetismo.
Fue la primera vez que vi a un profesor tratarme como un futuro colega más que como un alumno y ese profesor fue siempre receptivo a que le hiciéramos preguntas. Aprendí muchísimas cosas de él. Sobre hacer preguntas os hablaré en nuestra historia de hoy.
Hay preguntas ingenuas, preguntas tediosas, preguntas mal formuladas, preguntas planteadas con una inadecuada autocrítica. Pero toda pregunta es un clamor por entender el mundo. No hay preguntas estúpidas. Los niños listos que tienen curiosidad son un recurso nacional y mundial. Se los debe cuidar, mimar y animar. Pero no basta con el mero ánimo. También se les debe dar las herramientas esenciales para pensar.
Este párrafo anterior es la culminación de un par de páginas del libro, ya citado muchas veces, El mundo y sus demonios. Coincido con Carl Sagan y con Isaac Asimov en que las preguntas de los niños y jóvenes son las más temibles que puede uno recibir. Y, por supuesto, si sus preguntas son las más temibles, sus respuestas llegan a ser de lo más impresionante. Y es que los niños lo ven todo con una óptica mucho más sencilla que la nuestra.
Ya Charles Darwin, en su libro “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales” nos explicaba que en cierta ocasión preguntó a un niño de unos cinco años qué era para él ser feliz. Sin pensárselo dos veces, el niño le contestó:
- Hablar, reír y darnos besos.
Una maravillosa respuesta que dejaría a cualquiera fuera de combate, ¿verdad?.
Pues bien, desgraciadamente, de mayores perdemos esa fantástica cualidad de los niños: hacer preguntas. Hemos de intentar no inculcar el miedo a hacer preguntas a nuestros menores ni a nosotros mismos. Pero voy a dejar que os lo explique el maestro Sagan, que lo hace mucho mejor de lo que lo podría hacer yo mismo.
Excepto para los niños (que no saben lo suficiente como para dejar de hacer las preguntas importantes), pocos de nosotros dedicamos mucho tiempo a preguntarnos por qué la naturaleza es como es; de dónde viene el cosmos, o si siempre ha estado allí; si un día el tiempo irá hacia atrás y los efectos precederán a las causas; o si hay límites definitivos a lo que deben saber los humanos. Incluso hay niños, y he conocido algunos, que quieren saber cómo es un agujero negro, cuál es el pedazo más pequeño de materia, por qué recordamos el pasado y no el futuro, y por qué existe un universo.
De vez en cuando tengo la suerte de enseñar en una escuela infantil o elemental. Encuentro muchos niños que son científicos natos, aunque con el asombro muy acusado y el escepticismo muy suave. Son curiosos, tienen vigor intelectual. Se les ocurren preguntas provocadoras y perspicaces. Muestran un entusiasmo enorme. Me hacen preguntas sobre detalles. No han oído hablar nunca de la idea de una “pregunta estúpida”.
Pero cuando hablo con estudiantes de instituto encuentro algo diferente. Memorizan “hechos” pero, en general, han perdido el placer del descubrimiento, de la vida que se oculta tras los hechos. Han perdido gran parte del asombro y adquirido muy poco escepticismo. Les preocupa hacer “preguntas estúpidas”; están dispuestos a aceptar respuestas inadecuadas; no plantean cuestiones de detalle; el aula se llena de miradas de reojo para valorar, segundo a segundo, la aprobación de sus compañeros. Vienen a clase con las preguntas escritas en un trozo de papel, que examinan subrepticiamente en espera de su turno y sin tener en cuenta la discusión que puedan haber planteado sus compañeros en aquel momento.
Ha ocurrido algo entre el primer curso y los cursos superiores, y no es sólo la adolescencia. Yo diría que es en parte la presión de los compañeros contra el que destaca (excepto en deportes); en parte que la sociedad predica la gratificación a corto plazo; en parte la impresión de que la ciencia o las matemáticas no le ayudan a uno a comprarse un coche deportivo; en parte que se espera poco de los estudiantes, y en parte que hay pocas recompensas o modelos para una discusión inteligente sobre ciencia y tecnología … o incluso para aprender porque sí. Los pocos que todavía muestran interés reciben el insulto de “bichos raros”, “repelentes” o “empollones”.
Pero hay algo más: he visto a muchos adultos que se enfadan cuando un niño les plantea preguntas científicas. ¿Por qué la Luna es redonda?, preguntan los niños. ¿Por qué la hierba es verde? ¿Qué es un sueño? ¿Hasta qué profundidad se puede cavar un agujero? ¿Cuándo es el cumpleaños del mundo? ¿Por qué tenemos dedos en los pies? Demasiados padres y maestros contestan con irritación o ridiculización, o pasan rápidamente a otra cosa: “¿Cómo querías que fuera la Luna, cuadrada?” Los niños reconocen en seguida que, por alguna razón, este tipo de preguntas enoja a los adultos. Unas cuantas experiencias más como ésta, y otro niño perdido para la ciencia. No entiendo por qué los adultos simulan saberlo todo ante un niño de seis años. ¿Qué tiene de malo admitir que no sabemos algo? ¿Es tan frágil nuestro orgullo?
Lo que es más, muchas de estas preguntas afectan a aspectos profundos de la ciencia, algunos todavía no resueltos del todo. Por qué la Luna es redonda tiene que ver con el hecho de que la gravedad es una fuerza que tira hacia el centro de cualquier mundo y con lo resistentes que son las rocas. La hierba es verde a causa del pigmento de clorofila, desde luego a todos nos han metido esto en la cabeza, pero ¿por qué tienen clorofila las plantas? Parece una tontería, pues el Sol produce su máxima energía en la parte amarilla y verde del espectro. ¿Por qué las plantas de todo el mundo rechazan la luz del sol en sus longitudes de onda más abundantes? Quizá sea la plasmación de un accidente de la antigua historia de la vida en la Tierra. Pero hay algo que todavía no entendemos sobre por qué la hierba es verde.
Hay mejores respuestas que decirle al niño que hacer preguntas profundas es una especie de pifia social. Si tenemos una idea de la respuesta, podemos intentar explicarla. Aunque el intento sea incompleto, sirve como reafirmación e infunde ánimo. Si no tenemos ni idea de la respuesta, podemos ir a la enciclopedia. Si no tenemos enciclopedia, podemos llevar al niño a la biblioteca. O podríamos decir: “No sé la respuesta. Quizá no la sepa nadie. A lo mejor, cuando seas mayor, lo descubrirás tú.”
- Y puede que te den un Nobel por ello – añadiría yo.
Así que recordad: no hay preguntas estúpidas. La única pregunta estúpida es la que no se hace. Aunque podáis meter la pata, nunca tengáis miedo a preguntar si no sabéis algo. Y tampoco tengáis miedo de que se rían de vosotros por ello: esos que se ríen, ni conocen la respuesta ni se atreven a preguntar. Y si la conocen, poco más aprenderán.
Fuentes:
“El mundo y sus demonios“, Carl Sagan
“Els secrets de la felicitat”, Sebastià Serrano
Tomado de historias de la ciencia el 6 de junio de 2011
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viernes, 27 de mayo de 2011
La búsqueda de la felicidad provoca frustración
Satisfacción, alegría, positivismo… en el imaginario colectivo estos términos están relacionados con la felicidad, definida desde diversas perspectivas. La Real Academia Española, por ejemplo, recoge en su diccionario esta definición de felicidad: “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”, mientras que para el filósofo griego Aristóteles, ser feliz era sinónimo de autorrealizarse y, para el también filósofo Epicuro, la felicidad consistía en experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico.
Ya sea desde una perspectiva filosófica o religiosa, la búsqueda de la felicidad es uno de los fundamentos de la vida. Pero disfrutar de este estado de ánimo puede tener su lado negativo, tal y como ha revelado un estudio realizado por un equipo de psicólogas procedentes de diversos centros de investigación: la Universidad estadounidense de Yale, la Universidad de Denver y la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Según las autoras del estudio, la felicidad no debe ser concebida como algo universalmente bueno. Asimismo, las investigadoras afirman que no todos los tipos y grados de felicidad son igualmente buenos, e incluso perseguir la felicidad puede hacer que la gente se sienta peor.
La investigación fue publicada por Perspectives on Psychological Science, una revista de la Association for Psychological Science.
”Las personas que quieren sentirse más felices pueden elegir entre una multitud de libros que les guíen sobre cómo hacerlo. Sin embargo, fijar una meta de la felicidad puede ser contraproducente”, asegura June Gruber, investigadora de la Universidad de Yale, directora de la presente investigación y también directora del Laboratorio de Psicología y Emociones Positivas. Grube ha colaborado en este trabajo con Iris Mauss, de la Universidad de Denver, y Tamir Maya, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
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June Gruber, responsable del estudio. Fuente: Universidad de Yale.
Las investigadoras señalan que una de las muchas desventajas de la felicidad es que las personas que luchan por encontrarla pueden terminar peor que cuando comenzaron.
No vale todo para ser feliz
Para llegar a sentir la felicidad, las herramientas que a menudo se sugieren en libros de autoestima o de ayuda personal son dedicar tiempo cada día a pensar en las cosas que te hacen sentir feliz, contento o agradecido, así como también la creación de situaciones que con total probabilidad se traduzcan en felicidad, entre otras muchas recomendaciones.
Pero, según Gruber, estas acciones no siempre tienen el efecto deseado porque: “Cuando las practicas con la motivación o la expectativa de que dichas actividades deberían hacerte feliz, éstas pueden llevarte a la decepción y provocar en consecuencia una disminución de la felicidad".
A estas conclusiones llegaron Mauss y sus colaboradoras, tras realizar un estudio en el que constataron que las personas que leyeron un artículo de prensa alabando el valor de la felicidad se sentían peor después de ver una película con una trama feliz, que la gente que leyó un artículo en el que no se mencionó la felicidad. La razón estriba, según las psicólogas, en la posibilidad de que las personas del primer grupo se hubieran sentido decepcionadas. Dicen, además, que cuando las personas no terminan siendo tan felices como esperaban, su sensación de fracaso puede hacer que se sientan aún peor que al principio.
La felicidad extrema, otro problema
Por otra parte, las investigadoras han puesto de manifiesto que demasiada felicidad puede suponer un problema. Así lo confirmó otra investigación, que consistió en el seguimiento de un grupo de niños desde la década de 1920 hasta su vejez. En este caso, se constató que aquéllos que murieron más jóvenes estaban considerados por su entorno –consultaron a sus profesores-, como personas muy alegres.
Las investigadoras creen que esto se debe a que quienes se sienten extremadamente felices no suelen pensar de forma creativa, y también tienden a tomar decisiones más arriesgadas.
Para explicar esta afirmación, ponen como ejemplo a personas con alguna manía o que sufren trastorno bipolar. Éstas tienen una percepción superior de las emociones positivas que pueden llevarles a tomar decisiones de riesgo, como puede ser el abuso de sustancias, conducir demasiado rápido o gastar sus ahorros. Pero incluso para quienes no tienen un trastorno psicológico, "demasiada felicidad puede resultar perjudicial”, constata Gruber.
Redes sociales y felicidad
Por otro lado, las investigadoras analizaron la "felicidad inapropiada", que es aquélla que se siente cuando no se debe sentir, como al mismo tiempo que otra persona está llorando por la pérdida de un ser querido o cuando se recibe la noticia de que un amigo ha resultado herido en un accidente de tráfico.
Al igual que en el caso de la felicidad extrema, Gruber y su equipo de trabajo constataron que este tipo de felicidad, que puede surgir en momentos inadecuados, puede producirse en personas con alguna manía concreta.
Por último, las psicólogas descubrieron lo que realmente parece aumentar la felicidad. "El dinero o el reconocimiento externo a través del éxito no son los factores más influyentes en la obtención de felicidad”, señala Gruber: "Lo realmente significativo son las relaciones sociales", apunta.
Por tanto, según el estudio, la mejor manera de alcanzar la felicidad es, precisamente, dejando de lado la preocupación por ser feliz y aprovechar toda esa fuerza mental para conseguir entablar lazos sociales con otras personas: "Si hay algo que quieres resaltar y enfocar, hay que concentrarse en eso. Todo lo demás vendrá como tenga que venir”, afirman las investigadoras.
Tomado de tendencias21.net el 27 de mayo de 2011
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domingo, 6 de marzo de 2011
Confirmado: ser feliz alarga la vida
Una revisión de más de 160 estudios, llevada a cabo por un equipo de la Gallup Organization de Princeton (Estados Unidos), permitió constatar de forma "clara y convincente" que los individuos que reconocen ser felices viven más y con mejor salud.
El profesor de psicología Ed Diener analizó diferentes estudios a largo plazo con personas, algunas pruebas experimentales en las que también se incluían animales y otras investigaciones que evalúan el estado de salud de gente estresada por fenómenos naturales.
"Se revisaron ocho tipos de estudios", dijo Diener, reconociendo que "la conclusión general es que el bienestar es subjetivo -a diferencia del estrés o la depresión- y, en cada caso, contribuye tanto a la longevidad como a una mejor salud".
Uno de estos estudios, en el que participaron casi 5.000 personas desde su juventud hasta la vejez mostró que aquellos que eran más pesimistas solían morir más jóvenes que sus compañeros.
En otra investigación, en la que se hizo seguimiento a 180 monjas, se observó que aquellas que escribieron autobiografías positivas a los 20 años sobrevivieron más que las que recordaban de forma más negativa su vida juvenil.
Los experimentos realizados con humanos en laboratorio mostraron que los estados de ánimo positivos reducen las hormonas relacionadas con el estrés, aumentan la función inmune y favorecen una pronta recuperación del corazón después del esfuerzo.
http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/salud/confirmado-ser-feliz-alarga-la-vida_8967081-4
El profesor de psicología Ed Diener analizó diferentes estudios a largo plazo con personas, algunas pruebas experimentales en las que también se incluían animales y otras investigaciones que evalúan el estado de salud de gente estresada por fenómenos naturales.
"Se revisaron ocho tipos de estudios", dijo Diener, reconociendo que "la conclusión general es que el bienestar es subjetivo -a diferencia del estrés o la depresión- y, en cada caso, contribuye tanto a la longevidad como a una mejor salud".
Uno de estos estudios, en el que participaron casi 5.000 personas desde su juventud hasta la vejez mostró que aquellos que eran más pesimistas solían morir más jóvenes que sus compañeros.
En otra investigación, en la que se hizo seguimiento a 180 monjas, se observó que aquellas que escribieron autobiografías positivas a los 20 años sobrevivieron más que las que recordaban de forma más negativa su vida juvenil.
Los experimentos realizados con humanos en laboratorio mostraron que los estados de ánimo positivos reducen las hormonas relacionadas con el estrés, aumentan la función inmune y favorecen una pronta recuperación del corazón después del esfuerzo.
http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/salud/confirmado-ser-feliz-alarga-la-vida_8967081-4
domingo, 13 de febrero de 2011
sábado, 4 de septiembre de 2010
Cómo ser feliz
Estos son algunos ejemplos de cómo ser feliz, por la Madre Teresa de Calcuta:
El día más bello, hoy
La cosa más fácil, equivocarse
El obstáculo más grande, el miedo
El mayor error, abandonarse
La raíz de todos los males, el egoísmo
La distracción más bella, el trabajo
La peor derrota, el desaliento
Los mejores maestros, los niños
La primera necesidad, comunicarse
La mayor felicidad, ser útil a los demás
El misterio más grande, la muerte
El peor defecto, el mal humor
El ser más peligroso, el mentiroso
El sentimiento más ruin, el rencor
El regalo más bello, el perdón
Lo más imprescindible, el hogar
La ruta más rápida, el camino correcto
La sensación más grata, la paz interior
El arma más eficaz, la sonrisa
El mejor remedio, el optimismo
La mayor satisfacción, el deber cumplido
La fuerza más potente, la fe
Los seres más necesitados, los padres
Lo más hermoso de todo, el amor
http://escuelapararicos.net/como-ser-feliz/
El día más bello, hoy
La cosa más fácil, equivocarse
El obstáculo más grande, el miedo
El mayor error, abandonarse
La raíz de todos los males, el egoísmo
La distracción más bella, el trabajo
La peor derrota, el desaliento
Los mejores maestros, los niños
La primera necesidad, comunicarse
La mayor felicidad, ser útil a los demás
El misterio más grande, la muerte
El peor defecto, el mal humor
El ser más peligroso, el mentiroso
El sentimiento más ruin, el rencor
El regalo más bello, el perdón
Lo más imprescindible, el hogar
La ruta más rápida, el camino correcto
La sensación más grata, la paz interior
El arma más eficaz, la sonrisa
El mejor remedio, el optimismo
La mayor satisfacción, el deber cumplido
La fuerza más potente, la fe
Los seres más necesitados, los padres
Lo más hermoso de todo, el amor
http://escuelapararicos.net/como-ser-feliz/
sábado, 7 de agosto de 2010
Seis consejos para ser más felices
Tal Ben-Shahar es un profesor de la Escuela de Negocios de Harvard. Su curso sobre felicidad y psicología positiva es el más popular que ofrece la universidad. A continuación, se mencionan seis consejos sobre cómo lograr el estado de ánimo adecuado para desempeñarse de acuerdo a su potencial
1. Permítase ser humano. Cuando aceptamos las emociones - como el miedo, la tristeza o la ansiedad - como naturales, somos más propensos a superarlas. Rechazar nuestras emociones, positivas o negativas, conduce a la frustración y la infelicidad.
2. La felicidad se encuentra en la intersección entre el placer y el significado. Ya sea en el trabajo o en el hogar, el objetivo es realizar actividades que sean personalmente significativas y agradables. Cuando esto no es posible, asegúrese de tener reforzadores de la felicidad , momentos a lo largo de la semana que le aporten placer como significado.
3. Tenga en cuenta que la felicidad depende principalmente de nuestro estado de ánimo, no del estado de nuestra cuenta bancaria. Salvo en circunstancias extremas, nuestro nivel de bienestar está determinado por aquello en lo que elegimos enfocarnos, y por nuestra interpretación de los acontecimientos externos. Por ejemplo, ¿Cómo vemos el vaso, medio lleno o medio vacío?¿Vemos al fracaso como algo catastrófico, o como una oportunidad de aprendizaje?
4. ¡Simplifique! Estamos, en general, demasiado ocupados tratando de hacer cada vez más actividades en menos tiempo. La cantidad influye en la calidad, y comprometemos nuestra felicidad cuando tratamos de hacer demasiado.
5. Recuerde la conexión mente-cuerpo. Lo que hacemos — o no hacemos — con nuestro cuerpo influye en nuestra mente. El hacer ejercicio regularmente, dormir lo suficiente y comer saludablemente lleva tanto a la salud física como mental.
6. Exprese agradecimiento cuando sea posible. Muy a menudo damos por sentado nuestras vidas. Aprenda a apreciar y a disfrutar las cosas maravillosas de la vida, desde las personas hasta la comida, desde la naturaleza a una sonrisa.
http://ar.hsmglobal.com/notas/58570-seis-consejos-ser-mas-felices
1. Permítase ser humano. Cuando aceptamos las emociones - como el miedo, la tristeza o la ansiedad - como naturales, somos más propensos a superarlas. Rechazar nuestras emociones, positivas o negativas, conduce a la frustración y la infelicidad.
2. La felicidad se encuentra en la intersección entre el placer y el significado. Ya sea en el trabajo o en el hogar, el objetivo es realizar actividades que sean personalmente significativas y agradables. Cuando esto no es posible, asegúrese de tener reforzadores de la felicidad , momentos a lo largo de la semana que le aporten placer como significado.
3. Tenga en cuenta que la felicidad depende principalmente de nuestro estado de ánimo, no del estado de nuestra cuenta bancaria. Salvo en circunstancias extremas, nuestro nivel de bienestar está determinado por aquello en lo que elegimos enfocarnos, y por nuestra interpretación de los acontecimientos externos. Por ejemplo, ¿Cómo vemos el vaso, medio lleno o medio vacío?¿Vemos al fracaso como algo catastrófico, o como una oportunidad de aprendizaje?
4. ¡Simplifique! Estamos, en general, demasiado ocupados tratando de hacer cada vez más actividades en menos tiempo. La cantidad influye en la calidad, y comprometemos nuestra felicidad cuando tratamos de hacer demasiado.
5. Recuerde la conexión mente-cuerpo. Lo que hacemos — o no hacemos — con nuestro cuerpo influye en nuestra mente. El hacer ejercicio regularmente, dormir lo suficiente y comer saludablemente lleva tanto a la salud física como mental.
6. Exprese agradecimiento cuando sea posible. Muy a menudo damos por sentado nuestras vidas. Aprenda a apreciar y a disfrutar las cosas maravillosas de la vida, desde las personas hasta la comida, desde la naturaleza a una sonrisa.
http://ar.hsmglobal.com/notas/58570-seis-consejos-ser-mas-felices
sábado, 31 de julio de 2010
Desapegarse de los objetos materiales, una clave para dejar de sufrir
No significa aislarse del mundo sino desprenderse mentalmente de las cosas mundanas.
Algunos místicos orientales aseguran que al desprenderse mentalmente de las conexiones mundanas las personas logran una actitud que aporta un mayor equilibrio físico y psicológico.
Comparan frecuentemente una vida feliz con el agua, en el sentido de que si mantenemos la mano abierta, el líquido descansa en nuestra palma, pero cuando intentamos atraparlo y atesorarlo, se nos escurre entre los dedos.
Por eso, aseguran, para ser más feliz hay que dejar de apegarse a las cosas y permitir que la vida fluya con naturalidad.
Esta falta de afición, interés o inclinación por objetos, situaciones o personas no implica aislarse del mundo o la vida social, sino dejar de aferrarse obsesivamente a lo material.
Según el pensador hindú Deepak Chopra, el desapego es uno de los grandes principios que aplica la naturaleza para crear todo lo que existe. Por ello, actuar en sintonía con esta ley natural es una de las claves para realizar nuestros sueños.
Aunque parezca un contrasentido, según este pensador hindú, para conseguir cualquier cosa en el universo físico es preciso renunciar al apego a esa misma cosa. Ello no significa que haya que dejar de lado la intención de crear nuestro deseo, sino que consiste en abandonar nuestro apego al resultado.
Además de la visión de Chopra, hay otras formas de entender y cultivar el desapego desde una óptica espiritual o psicológica.
Para la maestra de yoga Sonia C. Iniesta, "el desapego es la indiferencia hacia los objetos que percibimos a través de los sentidos y que nos producen placer, tanto presentes como futuros.
Mientras que el apego ata al ser humano a la tierra, el desapego nos libera de la esclavitud psicológica hacia lo material; es una actitud que afina la mente y la vuelve reflexiva", dice.
"Donde quiera que exista la sensación de placer, la mente se fija al objeto sensual que lo causa. Es lo que se denomina apego, y que sólo trae consigo esclavitud y dolor, porque cuando el objeto desaparece, se aleja o perece, la mente sufre un gran dolor", señala la experta en la milenaria técnica yóguica.
"Los objetos materiales y los placeres mundanos nos producen una felicidad sólo temporal y nos conducen hacia el dolor y la tristeza una vez experimentados o utilizados", indica la maestra.
Para cultivar el hábito del desprendimiento, y fluir naturalmente con la vida, Iniesta recomienda comer y vivir de forma sencilla, practicar el discernimiento y la reflexión, vivir momentos de silencio a lo largo del día y separarse, en lo posible, de los objetos fútiles y perecederos.
Desprendimiento
Estos son algunos pensamientos con los cuales es posible lograr el desapego, según el libro 'Las siete leyes espirituales del éxito', del reconocido médico, místico y escritor hindú Deepak Chopra: Practicaré el desapego. Me permitiré a mí mismo, y a los que me rodean, la libertad de ser tal como somos.
No impondré mi idea de cómo deben ser las cosas ni soluciones forzadas a los problemas. Intervendré en todo con participación desapegada. Añadiré la incertidumbre como ingrediente esencial de mi experiencia. Encontraré soluciones que surgirán del problema, del caos, de la confusión y del desorden.
http://www.eltiempo.com/vidadehoy/desapegarse-de-los-objetos-materiales-una-clave-para-dejar-de-sufrir_7834525-1
Algunos místicos orientales aseguran que al desprenderse mentalmente de las conexiones mundanas las personas logran una actitud que aporta un mayor equilibrio físico y psicológico.
Comparan frecuentemente una vida feliz con el agua, en el sentido de que si mantenemos la mano abierta, el líquido descansa en nuestra palma, pero cuando intentamos atraparlo y atesorarlo, se nos escurre entre los dedos.
Por eso, aseguran, para ser más feliz hay que dejar de apegarse a las cosas y permitir que la vida fluya con naturalidad.
Esta falta de afición, interés o inclinación por objetos, situaciones o personas no implica aislarse del mundo o la vida social, sino dejar de aferrarse obsesivamente a lo material.
Según el pensador hindú Deepak Chopra, el desapego es uno de los grandes principios que aplica la naturaleza para crear todo lo que existe. Por ello, actuar en sintonía con esta ley natural es una de las claves para realizar nuestros sueños.
Aunque parezca un contrasentido, según este pensador hindú, para conseguir cualquier cosa en el universo físico es preciso renunciar al apego a esa misma cosa. Ello no significa que haya que dejar de lado la intención de crear nuestro deseo, sino que consiste en abandonar nuestro apego al resultado.
Además de la visión de Chopra, hay otras formas de entender y cultivar el desapego desde una óptica espiritual o psicológica.
Para la maestra de yoga Sonia C. Iniesta, "el desapego es la indiferencia hacia los objetos que percibimos a través de los sentidos y que nos producen placer, tanto presentes como futuros.
Mientras que el apego ata al ser humano a la tierra, el desapego nos libera de la esclavitud psicológica hacia lo material; es una actitud que afina la mente y la vuelve reflexiva", dice.
"Donde quiera que exista la sensación de placer, la mente se fija al objeto sensual que lo causa. Es lo que se denomina apego, y que sólo trae consigo esclavitud y dolor, porque cuando el objeto desaparece, se aleja o perece, la mente sufre un gran dolor", señala la experta en la milenaria técnica yóguica.
"Los objetos materiales y los placeres mundanos nos producen una felicidad sólo temporal y nos conducen hacia el dolor y la tristeza una vez experimentados o utilizados", indica la maestra.
Para cultivar el hábito del desprendimiento, y fluir naturalmente con la vida, Iniesta recomienda comer y vivir de forma sencilla, practicar el discernimiento y la reflexión, vivir momentos de silencio a lo largo del día y separarse, en lo posible, de los objetos fútiles y perecederos.
Desprendimiento
Estos son algunos pensamientos con los cuales es posible lograr el desapego, según el libro 'Las siete leyes espirituales del éxito', del reconocido médico, místico y escritor hindú Deepak Chopra: Practicaré el desapego. Me permitiré a mí mismo, y a los que me rodean, la libertad de ser tal como somos.
No impondré mi idea de cómo deben ser las cosas ni soluciones forzadas a los problemas. Intervendré en todo con participación desapegada. Añadiré la incertidumbre como ingrediente esencial de mi experiencia. Encontraré soluciones que surgirán del problema, del caos, de la confusión y del desorden.
http://www.eltiempo.com/vidadehoy/desapegarse-de-los-objetos-materiales-una-clave-para-dejar-de-sufrir_7834525-1
domingo, 4 de julio de 2010
El dinero no compra la felicidad
JUEVES, 1 de julio (HealthDay News/HolaDoctor) -- Tener más dinero podría mejorar la satisfacción de la gente con su vida pero no les ayudará necesariamente a disfrutarla, según sugiere un nuevo estudio.
Los investigadores analizaron los datos reunidos en la primera Encuesta Mundial de la Gallup, que incluyó a más de 136,000 personas de 132 países que fueron encuestados entre 2005 y 2006. A los encuestados, que calificaron sus vidas en una escala de cero (la peor) a 10 (la mejor), se les preguntó acerca de las emociones positivas o negativas que experimentaron el día anterior, si se sentían respetados, si tenían familiares y amigos con los que podían contar ante una emergencia y cuán libres se sentían para elegir sus actividades diarias, aprender cosas nuevas o de hacer lo que mejor sabían hacer.
Al igual que otros estudios, el análisis reveló que la satisfacción con la vida, la creencia de que la vida va bien, aumenta a medida que crece el ingreso, a nivel individual y de país en general. Pero los investigadores también encontraron que aunque los sentimientos positivos en general aumentaron un poco junto con el aumento del ingreso, estos sentimientos se relacionaban más con otros factores, tales como sentirse respetado, tener autonomía y contar con el apoyo social de amigos y familiares y tener un trabajo satisfactorio.
"La gente siempre se pregunta: ¿El dinero compra la felicidad? Este estudio demuestra que todo depende de cómo se defina la felicidad, porque si nos fijamos en la satisfacción con la vida, cómo se evalúa la vida como un todo, se ve una correlación muy fuerte en todo el mundo entre los ingresos y la felicidad", dijo Ed Diener, alto científico de la Organización Gallup y profesor emérito de psicología en la Universidad de Illinois, en un comunicado de prensa de la universidad. "Por otra parte, es bastante sorprendente que la correlación entre los sentimientos positivos y disfrutar de la vida sea tan pequeña".
De acuerdo con Diener, éste es el primer estudio que establece una diferencia entre la satisfacción con la vida y los sentimientos positivos o negativos que las personas experimentan en el día a día.
"Todo el mundo se ha fijado solamente en la satisfacción con la vida y los ingresos", señaló. "Y si bien es cierto que hacerse más rico le aportará mayor satisfacción con su vida, quizá no tenga un impacto tan grande como creíamos sobre el hecho de disfrutar de la vida".
El estudio aparece en la edición en línea del 15 de julio de Journal of Personality and Social Psychology.
Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: University of Illinois at Urbana-Champaign, news release, July 1, 2010
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_100628.html
Los investigadores analizaron los datos reunidos en la primera Encuesta Mundial de la Gallup, que incluyó a más de 136,000 personas de 132 países que fueron encuestados entre 2005 y 2006. A los encuestados, que calificaron sus vidas en una escala de cero (la peor) a 10 (la mejor), se les preguntó acerca de las emociones positivas o negativas que experimentaron el día anterior, si se sentían respetados, si tenían familiares y amigos con los que podían contar ante una emergencia y cuán libres se sentían para elegir sus actividades diarias, aprender cosas nuevas o de hacer lo que mejor sabían hacer.
Al igual que otros estudios, el análisis reveló que la satisfacción con la vida, la creencia de que la vida va bien, aumenta a medida que crece el ingreso, a nivel individual y de país en general. Pero los investigadores también encontraron que aunque los sentimientos positivos en general aumentaron un poco junto con el aumento del ingreso, estos sentimientos se relacionaban más con otros factores, tales como sentirse respetado, tener autonomía y contar con el apoyo social de amigos y familiares y tener un trabajo satisfactorio.
"La gente siempre se pregunta: ¿El dinero compra la felicidad? Este estudio demuestra que todo depende de cómo se defina la felicidad, porque si nos fijamos en la satisfacción con la vida, cómo se evalúa la vida como un todo, se ve una correlación muy fuerte en todo el mundo entre los ingresos y la felicidad", dijo Ed Diener, alto científico de la Organización Gallup y profesor emérito de psicología en la Universidad de Illinois, en un comunicado de prensa de la universidad. "Por otra parte, es bastante sorprendente que la correlación entre los sentimientos positivos y disfrutar de la vida sea tan pequeña".
De acuerdo con Diener, éste es el primer estudio que establece una diferencia entre la satisfacción con la vida y los sentimientos positivos o negativos que las personas experimentan en el día a día.
"Todo el mundo se ha fijado solamente en la satisfacción con la vida y los ingresos", señaló. "Y si bien es cierto que hacerse más rico le aportará mayor satisfacción con su vida, quizá no tenga un impacto tan grande como creíamos sobre el hecho de disfrutar de la vida".
El estudio aparece en la edición en línea del 15 de julio de Journal of Personality and Social Psychology.
Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: University of Illinois at Urbana-Champaign, news release, July 1, 2010
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_100628.html
domingo, 23 de mayo de 2010
Nelson Cardona conquistó el Monte Everest, la cumbre del coraje
El amor de madre de Blanca Carvajal fue determinante para que el 'niño', como llama a su hijo Nelson Cardona Carvajal, fuera el primer colombiano discapacitado en pisar la cima del Everest.
Esta mujer, de 82 años, fue la llama de vida para el manizaleño de 47, cuando él sintió que se derretían sus sueños de llegar a la cumbre más alta del mundo.
El 2 de marzo del 2006, cuando escalaba el Nevado del Ruiz, sufrió una caída de 18 metros que le causó cinco fracturas maxilofaciales, una cefalocraneal, la pérdida de su dentadura, la ruptura de su pelvis en dos partes y el destrozo de su pierna derecha.
Blanca recuerda, con la voz entrecortada, ese fatídico momento, cuando escuchó en la radio que su 'niño' se había caído por un precipicio hacia un fondo de filudas piedras.
Sin embargo, advierte que su amor de madre la llevó a sacar a su hijo de ese infierno en el que vivía, para que escalara una montaña más alta que cualquier otra: la de su autoestima rota por el accidente.
"Mi niño lloraba y me decía que no iba a poder cumplir su sueño de coronar el Everest, pero yo le respondía: 'Mijo, usted se va a aliviar, se va a poner bien y va a ir'", recuerda.
Nelson duró cuatro meses en terapias en la Clínica Presentación, en Manizales. Luego se fue para la casa de su hermano y al final, a la de su mamá. Cuando se sintió recuperado se fue para Bogotá.
Un año y nueve meses después, pese a saber que había sobrevivido de milagro, decidió que le amputaran aquella pierna que se le volvió astillas, para usar una prótesis que le permitiera volver a acercarse al cielo escalando las más altas cumbres.
Sin embargo, la última en enterarse fue Blanca y lo hizo por televisión. Luego, se encontraron cuando él la visitó en Manizales. "Apenas me vio, se me arrodilló y me pidió la bendición. Fue una alegría inmensa porque le trajeron una pierna del exterior para que se fuera a escalar el Everest", afirma.
En diciembre del 2008 ya estaba de nuevo en el Nevado del Ruiz, listo para volver a escalar, ante el asombro de sus colegas... y de su mamá. "Mi madre es un gran ejemplo de fortaleza mental y física, porque ella me enseñó a enfrentarme a las paredes de la vida, a las dificultades", reconoce Nelson.
Blanca recuerda que el sueño de Nelson de ser montañista le llegó a los cinco años, cuando su padre, Israel Cardona, lo llevó a conocer el Nevado del Ruiz.
Fue tanto su espíritu de aventura, que a los 12 años huyó de su hogar, para volver a casa a los 20. Fue guardabosques en los nevados del país y en este lapso conoció a Juan Pablo Ruiz y a Marcelo Arbeláez, que lo indujeron a practicar el montañismo.
La cima de la vida
Blanca supo que Nelson intentaría llegar a la cumbre del Everest seis meses después de la muerte de su hijo mayor, Rafael, de un infarto. Entonces lloró al pensar que podía perder a Nelson, su 'niño'. A las 9:50 p.m. del pasado 9 de mayo, día de La Madre, Blanca contestó una llamada en su celular. "Madre, la bendición", escuchó que le decía su 'niño' desde el Everest, en un saludo característico de Nelson hacia ella. "Cuando la escuché, lloré de la emoción. Le agradecí por haberme traído al mundo y por darme la oportunidad de existir. Le pedí perdón y me puse a llorar con ella", cuenta conmovido.
Esta charla telefónica fue el impulso vital para afrontar el ascenso. Aunque Nelson no logró su meta de ser el primer discapacitado del mundo en llegar a la cima del Everest sin ayuda de oxígeno adicional, pudo caminar sobre la cumbre el 17 de mayo a las 12:30 a.m. de Colombia.
Blanca, cuyo corazón saltó de felicidad por el triunfo de su 'niño', también sintió que él estaba en peligro. Y, como toda madre tiene algo de pitonisa, 20 horas después de cumplir su gran sueño, Nelson empalideció en la nieve durante su descenso. "Una gran pared de hielo fue para mí de alta dificultad. En la última parte de la bajada se me zafó la prótesis, quedé colgando en el abismo y mi grupo venía más atrás. Yo no sabía si gritar o esperarlos. Al final, con el otro pie, alcancé a sostenerla para que no se perdiera, porque donde se me hubiera extravíado, no se qué habría pasado", relata.
Al final, volvió sano y salvo al campamento base, el 19 de mayo a las 4:55 a.m. de Colombia. Aunque Nelson demostró las fortalezas de una persona discapacitada, su mayor logro fue cumplir el sueño de su mamá: que ambos fueran felices. "Me amputé la pierna, pues quería darle a ella felicidad. Gracias a ella debo mi existencia, la amo y es un orgullo tener una madre como Blanquita Carvajal".
http://www.eltiempo.com/deportes/otrosdeportes/nelson-cardona-conquisto-el-monte-everest-la-cumbre-del-coraje_7720901-1
Esta mujer, de 82 años, fue la llama de vida para el manizaleño de 47, cuando él sintió que se derretían sus sueños de llegar a la cumbre más alta del mundo.
El 2 de marzo del 2006, cuando escalaba el Nevado del Ruiz, sufrió una caída de 18 metros que le causó cinco fracturas maxilofaciales, una cefalocraneal, la pérdida de su dentadura, la ruptura de su pelvis en dos partes y el destrozo de su pierna derecha.
Blanca recuerda, con la voz entrecortada, ese fatídico momento, cuando escuchó en la radio que su 'niño' se había caído por un precipicio hacia un fondo de filudas piedras.
Sin embargo, advierte que su amor de madre la llevó a sacar a su hijo de ese infierno en el que vivía, para que escalara una montaña más alta que cualquier otra: la de su autoestima rota por el accidente.
"Mi niño lloraba y me decía que no iba a poder cumplir su sueño de coronar el Everest, pero yo le respondía: 'Mijo, usted se va a aliviar, se va a poner bien y va a ir'", recuerda.
Nelson duró cuatro meses en terapias en la Clínica Presentación, en Manizales. Luego se fue para la casa de su hermano y al final, a la de su mamá. Cuando se sintió recuperado se fue para Bogotá.
Un año y nueve meses después, pese a saber que había sobrevivido de milagro, decidió que le amputaran aquella pierna que se le volvió astillas, para usar una prótesis que le permitiera volver a acercarse al cielo escalando las más altas cumbres.
Sin embargo, la última en enterarse fue Blanca y lo hizo por televisión. Luego, se encontraron cuando él la visitó en Manizales. "Apenas me vio, se me arrodilló y me pidió la bendición. Fue una alegría inmensa porque le trajeron una pierna del exterior para que se fuera a escalar el Everest", afirma.
En diciembre del 2008 ya estaba de nuevo en el Nevado del Ruiz, listo para volver a escalar, ante el asombro de sus colegas... y de su mamá. "Mi madre es un gran ejemplo de fortaleza mental y física, porque ella me enseñó a enfrentarme a las paredes de la vida, a las dificultades", reconoce Nelson.
Blanca recuerda que el sueño de Nelson de ser montañista le llegó a los cinco años, cuando su padre, Israel Cardona, lo llevó a conocer el Nevado del Ruiz.
Fue tanto su espíritu de aventura, que a los 12 años huyó de su hogar, para volver a casa a los 20. Fue guardabosques en los nevados del país y en este lapso conoció a Juan Pablo Ruiz y a Marcelo Arbeláez, que lo indujeron a practicar el montañismo.
La cima de la vida
Blanca supo que Nelson intentaría llegar a la cumbre del Everest seis meses después de la muerte de su hijo mayor, Rafael, de un infarto. Entonces lloró al pensar que podía perder a Nelson, su 'niño'. A las 9:50 p.m. del pasado 9 de mayo, día de La Madre, Blanca contestó una llamada en su celular. "Madre, la bendición", escuchó que le decía su 'niño' desde el Everest, en un saludo característico de Nelson hacia ella. "Cuando la escuché, lloré de la emoción. Le agradecí por haberme traído al mundo y por darme la oportunidad de existir. Le pedí perdón y me puse a llorar con ella", cuenta conmovido.
Esta charla telefónica fue el impulso vital para afrontar el ascenso. Aunque Nelson no logró su meta de ser el primer discapacitado del mundo en llegar a la cima del Everest sin ayuda de oxígeno adicional, pudo caminar sobre la cumbre el 17 de mayo a las 12:30 a.m. de Colombia.
Blanca, cuyo corazón saltó de felicidad por el triunfo de su 'niño', también sintió que él estaba en peligro. Y, como toda madre tiene algo de pitonisa, 20 horas después de cumplir su gran sueño, Nelson empalideció en la nieve durante su descenso. "Una gran pared de hielo fue para mí de alta dificultad. En la última parte de la bajada se me zafó la prótesis, quedé colgando en el abismo y mi grupo venía más atrás. Yo no sabía si gritar o esperarlos. Al final, con el otro pie, alcancé a sostenerla para que no se perdiera, porque donde se me hubiera extravíado, no se qué habría pasado", relata.
Al final, volvió sano y salvo al campamento base, el 19 de mayo a las 4:55 a.m. de Colombia. Aunque Nelson demostró las fortalezas de una persona discapacitada, su mayor logro fue cumplir el sueño de su mamá: que ambos fueran felices. "Me amputé la pierna, pues quería darle a ella felicidad. Gracias a ella debo mi existencia, la amo y es un orgullo tener una madre como Blanquita Carvajal".
http://www.eltiempo.com/deportes/otrosdeportes/nelson-cardona-conquisto-el-monte-everest-la-cumbre-del-coraje_7720901-1
sábado, 3 de abril de 2010
Razón y fe: ¿por qué cree el hombre?
La experiencia espiritual no se expresa con palabras ni se encierra en dogmas. Los derviches del sufismo islámico bailan hasta que su yo los abandona; los budistas meditan sobre el vacío en que ya no existe ningún pensamiento necesidad; los chamanes se transforman para comunicarse con los eternos espíritus del agua, la piedra y los árboles. Siempre se trata de una sola cosa: la transformación de la conciencia. Superar el yo terrestre gracias a la máxima concentración. El espíritu y el alma en total armonía. Captar lo Uno de forma intuitiva. Experimentar a Dios.
Preguntas entre la razón y la fe
Preguntas entre la razón y la fe
La experiencia mística es trascenderse a sí mismo. El medio para alcanzar esta superación del yo es la pasividad activa. ¡Dejar que algo se apodere de uno! Entregarse. Después de una experiencia así sólo se sabe que uno ha experimentado algo. Confrontarse con algo más allá de uno mismo es una necesidad básica del ser humano. Este deseo suele surgir hacia los 40 años y uno se plantea preguntas existenciales: “¿Qué es mi vida? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué es lo que importa?”.
Los psicólogos de la religión dicen que esta edad es la de la “conversión”, cuando se considera que la fe constituye un valor espiritual. El ser humano tiene la capacidad de creer porque puede concebir lo contrario de la existencia: la nada. Pero esta experiencia lo vuelve solitario, inseguro y amenazado. Precisamente porque la mente humana es capaz de trascender, necesita seguridad y límites. El hombre cree porque necesita un hogar trascendental. Un cielo. Sus cuatro paredes metafísicas. Llamadas Dios. O razón de ser. O sustancia eterna. El espíritu único. La conciencia pura. Cada ser humano pensante quiere obtener respuestas.
jueves, 1 de abril de 2010
Cuatro Leyes de la Espiritualidad
En la India se enseñan las "Cuatro Leyes de la Espiritualidad"
La primera dice:
"La persona que llega es la persona correcta", es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.
La segunda ley dice:
"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido".
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa...hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.
La tercera dice:
"En cualquier momento que comience es el momento correcto".
Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.
Y la cuarta y última:
"Cuando algo termina, termina".
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegue a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado!
La primera dice:
"La persona que llega es la persona correcta", es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.
La segunda ley dice:
"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido".
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa...hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.
La tercera dice:
"En cualquier momento que comience es el momento correcto".
Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.
Y la cuarta y última:
"Cuando algo termina, termina".
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegue a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado!
sábado, 27 de marzo de 2010
Ferran salmurri: "La felicidad se puede aprender"
¿Es posible una mejora “científica” de nuestros sentimientos, de nuestra calidad de vida afectiva? La lectura de Libertad emocional, el nuevo libro del psicólogo Ferran Salmurri, publicado por Paidós, sugiere que sí, que es posible progresar en el autocontrol de nuestras emociones mediante métodos rigurosos y probados en el campo clínico. El objetivo no puede ser más ambicioso: ser felices.
–¿Somos esclavos de nuestras pasiones?
–Cuando hablo de adquirir la “libertad emocional” es porque a lo largo de la historia de la humanidad hemos sido dominados por los celos, la envidia, el odio y, sobre todo, por el miedo. Podemos aprender a sentirnos mejor, y en la medida en que lo consigamos seremos menos dependientes de emociones que nos superan.
–¿Qué significa exactamente sentirnos mejor?
–La felicidad es sentirse bien.
–¿Qué nos lo impide? –Una excesiva cólera, rabia, ansiedad o tristeza. Es decir, somos excesivos en nuestra expresión emocional. Y sería suficiente para mejorar, para ser más felices, que educáramos nuestras emociones manifestándolas de una forma proporcionada. No es necesario sentir con la intensidad con que lo hacemos. No me refiero a caer en la insensibilidad o a que dejemos de llorar, que es bueno y necesario en muchas ocasiones. La emoción es natural pero siempre y cuando no llegue a dominarnos. Un caso de sentimiento desproporcionado es el de los padres que sufren cuando sus hijos salen de casa. Se preguntan: “¿y si les pasa algo malo? ¿Y si tienen un accidente?”. La probabilidad de que eso ocurra es de una entre un millón, así que están sufriendo innecesariamente. Al magnificar el riesgo anticipan sucesos que posiblemente no van a ocurrir, lo cual les provoca un dolor evitable.
–¿Quiere decir que somos una especie de masoquistas emocionales? ¿Desde siempre? –Aunque hay una cierta transmisión genética de nuestras cogniciones –la forma en que percibimos la realidad– y una biología que genera la adrenalina, las endorfinas, etcétera, la influencia más importante sobre nuestra forma de pensar es la del aprendizaje que hemos recibido. Muchísimas ideas se transmiten de generación en generación sin ser cuestionadas. De todas ellas, la más persistente es la de que nuestra personalidad no puede cambiar, que “somos como somos”. Pero hay estudios que demuestran que el cerebro cambia cada día en función de lo que hacemos. Y los tratamientos psicológicos modifican el cerebro. La biología no determina el comportamiento; es al revés, el comportamiento puede modificar la biología. Tuve un paciente aquí sentado, de 40 años, que afirmaba convencido: “soy tímido”. Yo le pregunté que cómo lo sabía, y me contestó: “me lo dijo mi padre cuando era pequeño”. ¡Así que su padre le “diagnosticó” timidez y él se ha pasado cuarenta años corroborándolo! No es así, tenemos una capacidad de cambio muy amplia.
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